Martes, Septiembre 02, 2014
   
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REVOLUCION: José A. Aspiros Villagómez

*Pablo González, “ni asesino ni traidor”

El general Pablo González Garza es uno de los protagonistas de la Revolución mexicana menos estudiados y se le conoce casi solamente como el “traidor” que faltó a su fidelidad al presidente Venustiano Carranza cuando éste no lo eligió como su sucesor, y el “asesino” que confesó ser el “autor intelectual” de la muerte de Emiliano Zapata.

Para entender mejor al personaje, la historiadora Josefina Moguel Flores ofreció en días recientes una conferencia basada en referencias de documentos inéditos, donde lo presentó como un militar colocado entre la lealtad y la guerra de intereses.

De acuerdo con el texto preparado para esta plática, el general González (Nuevo León, 1879-1950) “demostró a Carranza su lealtad, capacidad y compromiso antes del inicio del movimiento constitucionalista” y así se mantuvo, y eso lo volvió popular y le mereció el grado de general de división y el nombramiento como jefe de cuerpo del Ejército del Noreste.

Pero llegado el tiempo de la sucesión presidencial, los generales Álvaro Obregón y Pablo González se sintieron con derecho al cargo, mientras que Carranza optó por un candidato civil -Ignacio Bonillas-, lo cual “provocó una reacción de ambos militares para que tomaran cada uno su distancia y rompieran a su manera” con el gobernante.

Obregón proclamó el Plan de Agua Prieta y se alzó en armas. En el caso del general González, “como su personalidad fue desbordada por el carisma de Obregón, no logró convocar y llevar a cabo un nuevo levantamiento revolucionario” y además la mayoría de sus fuerzas militares “defeccionarían en favor del general sonorense”.

Y cuando a causa del movimiento obregonista Carranza intentó trasladar la sede del gobierno a Veracruz pero fue asesinado en Tlaxcalantongo, Puebla, no recibió el apoyo de su antes leal general González quien por ello fue acusado de traidor.

La doctora Moguel consideró en su conferencia que, ante la disyuntiva de González de atacar o ayudar a don Venustiano en esa huída hacia Veracruz, “tomó la decisión de hacerse a un lado (pues) el propio Carranza lo había hecho primero con él” al no elegirlo como sucesor, y “lo dejó ir hacia su destino”.

En cuanto al asesinato de Zapata, durante su charla dentro del ciclo ‘La Revolución que vino del Norte’, en el Museo Nacional de la Revolución, la historiadora refirió que como el caudillo morelense no se rendía, González urdió “una artimaña” para acabar con él mediante la conocida treta del coronel Guajardo, quien fingió haber desertado del carrancismo.

Pero González no puede ser llamado “traidor” por ello, dijo Moguel, “toda vez que nunca fue zapatista y no pudo haber traicionado algo de lo que nunca formó parte”. Sólo “cumplió con las órdenes” recibidas y “tuvo el honor de comunicar con la más alta satisfacción, el arribo de Guajardo (a Cuautla) con sus tropas trayendo el cadáver de Emiliano Zapata”.

Además, según investigó la conferencista, González dijo en Cuautla que “fue Zapata quien invitó a Guajardo a defeccionar, no al contrario, y quiso tenderle el lazo a fin de aniquilarlo”.

Las operaciones del general González en Morelos fueron posteriores a su paso por el Distrito Federal, donde “reinaban la hambruna… la anarquía, la desorganización y la desolación”.

Según las fuentes donde investigó Moguel, “la ciudad de México se encontraba saturada de barrios bajos, calles sin luz, insalubre, llena de basura, extremada pobreza, invadida de enfermedades y epidemias como la del tifo”, por lo que Pablo González “gobernó a una sociedad desesperada y desesperanzada, literalmente muerta de hambre entre la que cundió el suicidio y el abandono de familias”.

Por ello hizo arreglos para que los restaurantes y baños redujeran sus precios a cambio de leña barata proporcionada por el Cuartel General a su cargo; distribuyó pan mediante vales y otros productos a bajo costo, rehabilitó los tranvías y cubrió salarios pendientes, estableció comedores públicos infantiles, un hospital para atender accidentes de trabajo y talleres de costura para las madres de familia.

Las mujeres pedían empleo, solicitaban pensiones o se ofrecían como enfermeras, maestras, espías, activistas, oradoras, escritoras o propagandistas de la causa.

Otras obras del general fueron el establecimiento en la capital, de tribunales militares y cuatro juzgados, y la imposición de castigos a traficantes, falsificadores y demás delincuentes.

Villa y Zapata son las figuras más reconocidas de aquella etapa de la Revolución mexicana. En parte porque, de acuerdo con la historiadora Moguel, el propio Obregón, una vez triunfante, elevó a Zapata “a la categoría de héroe y apóstol”, caudillo del sur y “baluarte de las reivindicaciones del campo”, y dejó “en condiciones de verdugo” al general González, quien había llamado “bandolero, criminal y azote maldito” al líder morelense.

Pablo González, un hombre poderoso entre 1914 y 1920, recibió entonces muchas muestras de afecto en todo el país; inspiró a los caricaturistas y fue apoyado como candidato presidencial a través de un libro escrito por Hermila Galindo, conocida como la “señorita ciclón”, pero también fue involucrado por Obregón con los asaltantes de la “banda del automóvil gris”.

Derrotado en sus aspiraciones políticas, González se exilió en Estados Unidos y regresó en 1937 amnistiado por el presidente Lázaro Cárdenas. Todavía en su retorno al país, fue acusado de “asesino” y “traidor”.

Para narrar esta historia, la doctora Josefina Moguel investigó “muchas notas, en total suman 64, pero valió la pena porque el tema y los documentos son inéditos”, según explicó a este medio.

La también directora de la biblioteca del Centro de Estudios de Historia de México Carso, dijo también que “como estoy en la trinchera de los archivos, el del general González no ha sido investigado -a menos que se consulte parte de él en los microfilmes que tiene el Colegio de México-, puesto que he tenido la suerte de organizarlo, numerarlo e investigarlo”.

Y anunció que “en cuanto procese la síntesis de las fichas de cada uno de los documentos y sus índices respectivos, será digitalizado y puesto a disposición de los investigadores. Desde luego, en las citas (de su conferencia) existen otros archivos que he consultado y que están digitalizados y pueden ser examinados en la página del CEHM Carso”.

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