Jueves, Abril 09, 2020
   
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LIBRE ALBEDRÍO: Ángel Pujalte*

*El imperativo de la democracia

Nuestra democracia no sale de gritos y sombrerazos, porque los electores: “venden su voto o votan engañados”. Y aunque todos los contendientes son iguales, expertos en juego sucio, no les gusta perder, por lo que si pierden reclaman como si jugaran limpio o fueran diferentes de aquellos a los que acusan.

El problema medular en todo lo denunciado se reduce a lo mismo, la falta de libre albedrío en los electores. ¿Y que es el libre albedrío? Una definición es: la realización de una acción por un agente no-condicionado íntegramente ligado por factores precedentes y subjetivos en el cual la percepción de la acción del agente fue inducida por su propia voluntad. Otra es la relación entre lo que pensamos y hacemos. Una lo condiciona a que el agente no este condicionado y que decida la voluntad, la otra a hacer lo que se piensa.

Para una es hacer lo que se quiere y para otra lo que se piensa. Lo que no nos saca de la indeterminación, por los cabos sueltos que hay en la relación entre lo que se quiere, se piensa y se hace. El “hacer lo que se quiere”, tiene de problema que libera de compromisos y responsabilidades con los demás y con el futuro, se desentiende de cualquier ética, lo que lleva a un individualismo egoísta inconveniente para la sociedad.

Un alegato afirma que si no se hubiera sobornado a la gente ni los medios hubieran creado una fantasía, la gente hubiera “votado en consciencia”. ¿Y que es eso de conciencia? Porque hasta donde yo sé, la conciencia es el archivo de adaptación a las condiciones prácticas y mundanas. Una consciencia desconectada de las condiciones prácticas y mundanas es brujería.

Lo que distingue por lo menos tres grupos, favorecidos, clase media y segregados sociales. La modificación de la conciencia para modificar así las condiciones materiales es posible, pero de acuerdo y limitada por el nivel y tipo de artificialización del individuo. Donde a los favorecidos no les interesa el cambio y la conciencia que han aprendido los segregados es muy precaria para provocar nada racional. Lo que solo deja como elemento útil a la parte de la clase media que haya desarrollado su racionalidad y actúa de buena fe.

Lo cierto es que la gente siempre hace lo que cree que “es mejor”. El problema está en lo que determina ese “mejor”. Y es clara la falta de libre albedrío al elegir el mal menor (copelas o cuello, o confesar bajo tortura). Porque el libre albedrío requiere elegir en libertad, sin presión.

La miseria e ignorancia son potentes factores que impiden el libre albedrío. Por los que no se puede decir que la gente que muere de hambre o carezca de educación y cultura (60%) tenga libre albedrío ante una torta, bulto de cemento, láminas de cartón y ni siquiera que tenga idea del significado del acto político, comunitario e individual que significan las elecciones. Como también es cierto que a cualquiera que les ofrezca algo, le van a decir lo que quiera oír con tal de conseguirlo.

Pero si todos los candidatos visitan y sobornan a todos los habitantes y todos se dejan sobornar, entonces la contienda estaría en igualdad de condiciones. Y como ya todo mundo sabe y propaga: “agarren lo que les den, pero voten en consciencia”. Lo que habría que averiguar es si al final los sobornados votan por los mejores sobornos, cuentos o simpatías personales. En un arreglo en el que no hay democracia, libre albedrío ni racionalidad.

Por otro lado, al considerar al libre albedrío como la capacidad para decidir lo mejor, lo más conveniente, lleva al significado a saber distinguir lo mejor, lo más conveniente y decidir por ello. Lo que no es fácil y es el meollo del problema político, económico y social. Porque a la imprescindible libertad de acción la debe acompañar la capacidad de distinguir lo bueno de lo malo, que es donde está el detalle.

En esa misteriosa capacidad para distinguir lo bueno de lo malo es en la que radica el problema. Porque todos tienen claro un “bueno” y un “malo”, pero ninguno coincide. Cada quien tiene su bueno diferente del de los demás y también su malo, también diferente del de los demás. Porque cada quien tiene su propia visión del mundo que es distinta de la de los demás y encima cada quien en su propia visión diferente busca objetivos que también son distintos de los que buscan los demás. Lo que es agravado por el desorden que causa que unos piensan y otros creen.

Porque no cualquiera piensa. Pensar no es tener creencias, ocurrencias ni figuraciones, que es lo que los simples confunden con pensar. Al pensar lo distingue su característica privativa, la cualidad que le da su valor y diferencia radicalmente de creencias, ocurrencias y figuraciones. Pensar consiste en descifrar al mundo real. Descubrir la verdad de lo que pasa, de lo que sucede. Y el mundo verdadero es uno solo y la verdad es única.

Cualquiera puede creer lo que quiera, porque creer no tiene ningún compromiso con lo real, con lo verdadero. También por lo mismo no se puede pensar lo que se quiera, porque pensar se compromete a descifrar el mundo verdadero, debe acertar a la verdad. Que es una sola.

La mayoría de la gente no piensa, parece que lo hace cuando decide de entre patrones culturales preestablecidos, como platos de menús o combina ropa, lo que reduce su actividad a repetir rutinas de movimientos repetitivos en forma semi inconsciente, sonambúlica, diría Ortega.

Lo que lo complica que la mayoría de la gente se concentra en sus asuntos particulares y no dedica tiempo a estudiar y seguir a los asuntos comunitarios. La falta de transparencia no se reduce a esconder las francas trapacerías de los servidores públicos, sino alcanza al grueso de la actividad gubernamental. Muy poca gente se interesa y entera de la forma en que funcionan las instituciones públicas, los derechos y obligaciones de los servidores públicos y de la población, la razón de las decisiones y actuaciones gubernamentales.

Y otra complicación es la falta de buena “política” en la heterogeneidad cultural. La heterogeneidad cultural no es problema cuando existe política de la buena (arte de ponerse de acuerdo), sino cuando hay anti política (desazón y confrontación). El problema es que la “buena política” tiene un grado de incompatibilidad con la heterogeneidad cultural y no me refiero a que toda la población tenga el mismo nivel cultural, sino que una cosa es que todos tengan un nivel diferente de la misma cultura y otra que tenga niveles diferentes de culturas incompatibles. Formando una comunidad con nivel cultural bajo en la que conviven multitud de creencias dispares, de las que muchas son incompatibles entre si.

Al ya de por si deletéreo caldo de cultivo, lo completa la mala situación. La combinación de ignorancia y disgregación social con mala situación de la población, abona la aparición de elementos disociativos que exacerban la desorganización y el desorden social. Me refiero a la superstición y los brujos, chamanes, apóstoles, mesías y predicadores.

Cuando la gente no encuentra explicación y solución satisfactoria para su situación, busca respuestas en lo sobrenatural, en lo fuera de lo común, lo que incluye a salvadores de todo tipo, hasta mesías. Lo que expresa la desesperación de apostarle a cualquiera que les de las explicaciones y esperanzas que no les han dado, aunque no sean factibles ni coherentes.

Lo que entonces reduce el problema a: ¿buscar la forma de democracia que funcione en nuestro desgarriate? No porque esa democracia no existe. Si nos ponemos a buscar los procedimientos y la normatividad que en el estado en que se encuentra nuestra sociedad logre elecciones sin problemas, que deje a todos contentos, la única forma sería que todos ganaran, que tengamos tres o cuatro presidentes y aun así garantizo que los problemas seguirían, porque no son de tipo político, sino de inmadurez, ignorancia y mala fe. De la participación de viejos escuincles malcriados, que rechazan lo que no les gusta.

Lo que descubre que el problema actual de nuestra democracia es el mismo que el de la educación. Carecemos de cultura democrática y de educación elemental. No la académica (matemáticas, biología, etc.) sino de la que se mama. Es claro que demasiados padres a sus hijos les dieron la vida, les llenaron la panza y cobijaron, sin alimentarles el cerebro con subestructuras positivas.

Por ejemplo es responsabilidad de los padres introducir a los hijos a la frustración. Y esta claro que los padres de muchos políticos no prepararon a sus hijos en ese sentido. Los padres que no corrigen a sus hijos y todo les toleran, normalmente porque ni caso les hacen, echan a perder a sus hijos en este sentido. “Pero al que no lo educan en su casa lo educan en la calle”, Y así debería ser. Para eso son las leyes, para corregir a los que no los educaron en su casa ni en la escuela.

Ikram Antaki, antes de morir denuncio y protesto la cobardía e ilegalidad de no poner en su lugar al candidato al gobierno del D.F. que no cumplía con el requisito de residencia, vaticinando los problemas que hoy presenciamos. Vemos las consecuencias de caprichos tolerados en el pasado.

También es responsabilidad de los padres enseñar a considerar a los demás. Los hijos cuyos padres no los consideraron a ellos, no consideran a los demás. Al que no lo han considerado no considera a los demás. Este también es un factor del desorden educativo.

Toda la gente con deficiencias educativas elementales como las anteriores, no debería participar en contiendas políticas ni ser servidor público, por los sesgos inconvenientes que sus deficiencias educativas introducen en los asuntos en los que participe, lo que los invalida para el servicio público.

Este tipo de deficiencias educativas se podrán corregir a partir que se reconozcan y tipifiquen sus formas en la vida pública, por lo menos las más burdas y deletéreas. Lo que también es necesario para engrasar la convivencia social.

Pero el otro tipo de deficiencia educativa, que no es generada por deficiencias familiares sino por el desconocimiento de la democracia causado por su inexistencia, solo hay una forma de superarla y es la modificación de la situación material y de la consciencia, poco a poco, paso a paso, moviendo un poco una y seguirla con a otra en un ejercicio de acompañamiento en el ensayo y error.

El ciudadano debe descubrir y aprender el papel y responsabilidad suya y de los políticos y servidores públicos, en la vida comunitaria. Así no son malos sino necesarios los errores y traspiés si son parte de un proceso de aprendizaje, si son la ineludible novatada del que ingresa en terreno nuevo.

La población para hacerse ciudadanía debe aprender a distinguir en los políticos: la mentira de la verdad, el capricho y necedad de la seriedad y formalidad, la hipocresía de la honestidad, el cinismo de la sinceridad, lo maduro y serio de lo informal. Son interesantes las razones por las que no es clara la distinción, pero no corresponde a éste espacio.

Tenemos una alternancia seguida de doce años de dudas y persistencia en lo acostumbrado con visión entumecida. En los que, quizás por estupefacción, desconocimiento e inexperiencia, no se corrigió todo lo que se debía o se pudo haber corregido. Pero por eso perdieron, es bueno castigar los errores y sesgos. Estamos en la segunda alternancia y es de esperar que en la sociedad se empiece a erguir una curva de aprendizaje que refleje los titubeantes primeros pasos en espera que con la práctica se llegue a dominar el arte de controlar a los servidores públicos para que trabajen a favor de la sociedad, es decir llegar a la verdadera democracia, porque los habitantes aprendieron a ser ciudadanos.

*Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

 

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