Sábado, Abril 04, 2020
   
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LIBRE ALBEDRÍO II: Ángel Pujalte

*“Etimología política”

Regresando al libre albedrío, recuerdo que interpretado como “hacer lo que se quiere” lleva a aceptar la irracional e inconveniente actuación a capricho y la interpretación de “hacer lo que se piensa” tiene otros inconvenientes.

El primero es que muy poca gente piensa. Al traducir la palabra pensar como descifrar al mundo verdadero, se ve que muy poca gente alcanza ese nivel de desarrollo, muy poca gente piensa. En todo, como en política, muy poca gente sabe de lo que habla, las reglas de juego o lo que se mueve bajo la mesa y tras bambalinas. En vez, la mayoría de la gente cree, lo que es algo que no se compromete con lo verdadero, por lo que cualquiera puede “creer” cualquier ocurrencia o figuración.

Entonces ¿Tendrá libre albedrío el que cree que piensa?, no por creer sobre bases falsas y relaciones equivocadas. En los hechos creer tiene de malo que al que cree rara vez le resultan las cuentas u obtiene buenos resultados, y casi siempre se topa con lo que no buscaba. ¿Es eso libre albedrío? En teoría sí. Porque suponemos que decidió sin presión externa sino exclusivamente sobre sus propias cuentas.

Pero decidir engañado no puede considerarse libre albedrío. Entonces el libre albedrío requiere además de libertad total, un conocimiento serio y profundo o por lo menos suficiente, sobre lo que se calcula. Para que la decisión no sea manipulada, presionada ni por engaño. Capacidad necesaria en el elector que nos remite a un nivel y calidad de artificialización mínima necesaria en la población para lograr implementar la democracia. A un nivel educativo y cultural indispensable.

Lo que descubre que el fondo del problema político o de nuestra democracia, no es de riguroso corte político o de implantación de una teoría (la democracia) sino principal de la formación o artificialización de la población. Donde encontramos un problema mayúsculo, que se refleja e incide en el desorden y desorganización de herramientas sociales, como el lenguaje.

Las palabras son símbolos que deben tener un significado claro y único, o por lo menos similar, para que todos los que las utilizan se refieran o acerquen a lo mismo. La pérdida de sentido de las palabras habla más del extravío de distinciones, de la pérdida de detalles, del cambio de cualidades y características que enriquecen o empobrecen al signo lingüístico como tal. Lo que ejemplifico con un grupo de palabras que en sus orígenes tenían un significado esclarecedor de lo esencial o funcional, que las hizo útiles herramientas de la política y convivencia y que actualmente han caído al nivel de irracionales insultos. Palabras que en la actualidad poco ayudan al solo significar animadversión personal, sin explicar nada y menos lo funcional.

Idiota, viene de idio = propio, privado, (idiosincrasia, idioma) es el que solo se dedica y le preocupan sus asuntos propios.

Esta etimología trasluce el peso y valor que para los griegos tenían los asuntos comunitarios. Para ellos el idiota, aquel al que solo le preocupan sus asuntos particulares y se desentiende de lo comunitario es una actitud inconveniente para la comunidad. El idiota no tiene libre albedrío al desconocer y por lo mismo despreciar lo que mayor influencia tiene en sus asuntos particulares.

Estúpido, viene de estupere = asombrarse, (estupefacto, estupor), es el que se queda congelado, el que pone cara de juat, el conejo lampareado.

Es el que carece de estructuras y subestructuras o dicho de otra forma de explicaciones para lo que enfrenta. El que en su cerebro no tiene antecedentes ni nada con que comparar o relacionar el fenómeno que observa. Es la manifestación de la nada conveniente ignorancia y por lo mismo fueron los mismos romanos los que le dieron connotación negativa a la palabra. Este obviamente tampoco tiene libre albedrío.

Mentecato, viene de mente y captus (tomar, coger, capturar), quiere decir tomado de la mente, privado de la mente, capturado de la mente.

Es aquél con un lavado de cerebro que le hace creer fervorosamente en algo que no es cierto. El que esta convencido a ultranza de algo. Algo así como un fanático, alguien encerrado en la luz, alguien con un deslumbramiento tal que lo ciega totalmente y solo puede ver el reflejo de la imagen que se le quedó grabada en el cerebro antes de enceguecer. Parte del voto duro es de estos tipos de electores y los deslumbrados con fantasmas y supersticiones.

Imbécil, viene de im = sin y becillis, baculum, bellum, baktron, bastón, sin bastón, los que no tienen experiencia, los que se chupan el dedo.

Esta etimología es controvertida entre si es griega o romana y si quería decir inútil o capaz. (Que se recarga en los demás o incompetente para la guerra). Por mi parte recuerdo que la situación de los viejos ha cambiado y que antes se reconocía el valor de la experiencia. La sabiduría se asociaba a la vejez y se la representaba con un anciano con bastón. Por lo que interpreto que el que no tiene bastón no tiene sabiduría. Así el imbécil es el que no tiene colmillo, el que carece de experiencia, el que no tiene sabiduría. Como los “ternuritas”, diria yo. Solo el que tiene bastón o sabiduría, tiene libre albedrío.

¿Qué se puede hacer con una sociedad plagada de idiotas, estúpidos, mentecatos e imbeciles? Con muy poca gente con bastón, con el conocimiento y experiencia necesarios para participar en la vida comunitaria.

*Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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