Sábado, Abril 04, 2020
   
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SIN NIVEL: Ángel Pujalte Piñeiro

 

Siguen las confusiones de Carreño

José Carreño Carlón ejemplifica lo indebido. Su actuación tiene valor pedagógico. Compara el pacto con una bicicleta, que si se detiene cae. La dinámica de ciclista. Pero las metáforas de José Carreño Carlón son desafortunadas.

Para él la mejor actuación consiste en convulsiones eufóricas desaforadas. La agitación ciega es excelente. El asunto no consiste en descifrar ni acertar a nada, menos de pensar y entender. O de organizar nada. Todo se reduce a no dejar de moverse. Como quien se convulsiona o sufre un ataque de epilepsia.

Según José Carreño Carlón “la marcha se detiene por titubeos o indecisiones”, descubriendo que para él, el meollo del problema social radica en la actitud y el desplante con que se actúe, en forma independiente de la relación que tengan con el mundo real. “Titubeos o indecisiones ante salidas en falso”, con lo que entiendo que no se debe dudar cuando alguien se adelante en la salida. Pero resulta que la “pecata minuta”, la “salida en falso”, el adelantarse son: “los aprestos veracruzanos de usar programas sociales con fines electorales”.

Lo que es algo que solo se puede minimizar a costa de la imagen propia. La “salida en falso” no que uno de los competidores hizo antes, lo que debían hacer todos juntos a un mismo tiempo, sino algo que no debe hacer ninguno de los competidores, un delito y una bajeza.

Toda la parafernalia de IFE, TRIFE y los FE’s que guste y mande, son parte del esfuerzo mental y material que el país ha efectuado precisamente para evitar este tipo de ruindades y bajezas, además de delitos, que para José Carreño Carlón son intrascendentes “salidas en falso”.

Más adelante confirma su deformación mental: “la primera respuesta (automática y autoincriminatoria (¿?)) de lo más cerril de su partido y sus aliados: la que proponía desoír, por hipócritas, las quejas de los otros partidos”. Ojo, desoír por hipócritas. Con lo que resulta que los delincuentes no son malos porque son los sinceros y los que respetan la ley, los que se portan bien, son los malos por hipócritas.

Abunda: “(desoír) las quejas de los otros partidos, con el argumento de que los gobiernos que ellos han detentado y detentan también han traficado y trafican con programas sociales por votos”. Dejándose ver mucho más allá de lo digno y descubriendo un doble juego. Arriba de la mesa todos son decentes, pero abajo se sinceran y descubren su verdad más profunda y seria.

Lo confirma más adelante: “En efecto no hay partido en nuestro país que no haya apelado a este recurso. La política clientelar es una tradición arraigada en México”. Al reflexionar serenamente se percibe lo absurdo y falaz.

En otro país (uno racional, serio y maduro) hasta el gobernador estaría preso, desaforado y desprestigiado. Y los “comunicadores” ridículos que salen a presentar como presentable lo impresentable y objetan argumentos insostenibles en el mundo racional, no tendrían otro lugar que de ejemplo de lo que no se debe hacer.

Culmina su desinformación y desorientación con: “el reforzamiento de la vigilancia y el acotamiento acordado ayer al viejo clientelismo político” el que junto con otros beneficios, como apuestas nuevas, que aportan los “sinceros” o delincuentes, como Usted prefiera.

Ya antes, al principio, bosquejaba esa imagen: ”el pacto se enriquece con nuevos contenidos y nuevas energías, si son retiradas del camino, con decisión y buenos reflejos, las piedras que van dejando sobre la pista los exponentes más arcaicos de la política mexicana”.

Pues esos “exponentes más arcaicos de la política mexicana” resultan que son ellos mismos y nadie más. Pero con la forma que le da a la expresión, alguien distraído, puede recibir el mensaje que son terceras personas las que le están poniendo piedras en el camino al pacto, cuando son ellos mismos.

Pero lo más grave es la falacia que siembra al poner la corrección (lo corregible) en la velocidad con la que se esconda la mierda (manejo de daños) y soslayando en forma mustia y dejando sin atacar el delito, la falsedad, el engaño, la trampa, la mala fe. Impulsando la impunidad. Con lo que José Carreño Carlón exhibe la más rancia y anacrónica mentalidad, en la que la bajeza y ruindad en la política no son execrables, sino legítimas herramientas de trabajo.

Un comunicador serio, honesto e inteligente critica lo malo, con ánimo de hacer ver su inconveniencia, para que se corrija. Un adlátere carece de opciones.

Un comunicador digno trabaja para la sociedad y no como publicista acrílico de productos comerciales o políticos.

José Carreño Carlón se ostenta como “comunicador” ex de la oficina de la Presidencia. Y moderó un encuentro de comunicación en la Universidad Iberoamericana, al que acudieron Luís Javier Solana, Fausto Zapata, Otto Granados, Fernando Lerdo de Tejada, Rubén Aguilar, Alejandra Sota y José Carreño Carlón.

Pero un comunicador de la oficina de la presidencia no es libre. En el mejor de los casos, son personas contratadas para deformar en el público la imagen o idea de algo. No para buscar la verdad o el equilibrio en el centro de la realidad, sino para desquiciar la impresión del mundo. Son publicistas a ultranza de las “bondades” de su patrón y enterradores de sus defectos.

Y en el peor, que es el caso que nos ocupa, son delincuentes corrompedores. Los repartidores del chayote. Son gangsters que bloquean a los comunicadores libres y críticos y favorecen a todos los que se venden.

Se presentan como profesionales de la comunicación y en verdad son administradores de una red clientelar de plumas que se ofertan al mejor postor. ¿Cual era la libertad de prensa que había en la época de Carreño Carlón? Que era lo difícil de su chamba. ¿Pensar, analizar, investigar, deducir? o cargar costales de billetes para comprar dignidades... como narco.

Bajo Reserva reporta que el encuentro fue “políticamente correcto”, “ninguno (...) urdió algún tipo de crítica o ataque” y se contradice más adelante “se organizó una mesa de debate”. Que babosos los de la Universidad Iberoamericana que creyeron que organizaban una discusión muy didáctica e interesante.

Sin percatarse de dos hechos determinantes. Que el trabajo que efectúan no tiene gran ciencia. Y que aunque no tiene mucho chiste, no se puede exponer en público. Por eso, una mesa de debate en la que ventilen sus verdades, solo es posible en privado.

Y en público el debate solo puede reducirse a una reunión de cuates hablando del súper bowl, las tepalcuanas de la Kournikova y la última película de los indestructibles. De todo lo que es “políticamente correcto” (lo que descarta hablar de ellos o de su verdadera labor).

Y el Fondo de Cultura Económica no se merece que lo utilicen como pago de favores o bastión político. Entregándolo a gente sin arrestos para resolver su situación. ¿Que va a hacer? repartir chayote. Allí falta alguien con el conocimiento, cultura, capacidad y buena fe, suficiente para tener el nivel de distinción que reclama el propósito.

Todo esto es propio del subdesarrollo. Es tercermundismo. Solo en el subdesarrollo al que se porta bien le va mal y al que se porta mal le va bien. En una realidad tan deformada que los tartufos son próceres.

*Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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