Sábado, Abril 04, 2020
   
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SUICIDIO PROFESIONAL: Ángel Pujalte Piñeiro

 

Palos de ciego con triste papel

Sara Sefchovich da palos de ciego. En su columna “Many Mexicos” del 12 de mayo en El Universal representa un triste papel. En su intento de mostrar incongruencias entre lo que promete el presidente de la república y los elogios que recibe de “comunicadores” en el exterior con nuestro mundo real.

Se queja que: ¿Cuántos años hace que venimos escuchando...? (promesas de político) y que en 1981 un “investigador” “nos calificó de nuevo poder regional”. Total que la pobre ya está hasta el copete de lavados de cerebro y de creer en promesas internas o propaganda externa que nunca se cumplen y que siempre terminan en fracaso y desilusión.

Se asombra de los millones de mexicanos que salen a hacer su vida (y se queja) “como si todo fuera normal”. Y continúa con una larga relación de crímenes y desordenes que se han vuelto cotidianos, para preguntar si “eso es normal”. Y allí está un problema de lógica o semántica, porque si son normales.

La doctora formula mal la pregunta. Al preguntar si es normal, resulta que sí lo son al ser lo usual, lo acostumbrado, lo cotidiano, lo normal, pues. La norma y no la excepción. Lo que no quiere decir que sea: lo correcto, lo debido, ni siquiera es necesario. Una cosa es que esté mal y otra que nuestra normalidad no sea el desorden y salvajismo.

Otra pifia es que les carga todos los muertos a los políticos. “Pero así vivimos, así hemos decidido vivir: el gobierno en su nube discursiva llena de informes favorables y de promesas (y quizás hasta de buenas intenciones y los ciudadanos pretendiendo que no pasa nada y que lo que pasa es soportable mientras no nos toque directamente”.

Es un detalle revelador y serio. Divide la cancha en dos: de un lado “el gobierno” (o los políticos) y del otro los ciudadanos. Y esa parcialidad la complementa con un mal uso de la palabra ciudadano, los que para la doctora son los que: “todos los días millones de ciudadanos salimos a nuestros trabajos, escuelas, gimnasios, compras (como si todo fuera normal)”.

Nótese el encabalgamiento de deslices. La sociedad es una y debe trabajar unida. Y los que fingen que no pasa nada, se desentienden de todo y confían en los políticos, no son ciudadanos, sino esclavos. El ciudadano es el que participa, se involucra y compromete en los asuntos generales. El esclavo es el que cierra los ojos, reza para que las cosas mejoren, de todo le echa la culpa a los demás y se siente víctima.

El primer problema que tenemos es la falta de ciudadanos. Que seamos un país de atenidos o de incapaces que todo lo dejamos en manos de unos cuantos y que no quieren saber de nada ni involucrarse y menos dudar o reclamar. Nuestra rusticidad y cobardía se expresa en que los méritos, positivos y negativos floten solo después de muertos, cuando ya no se puede hacer nada, cuando ya no tiene caso, cuando ya no sirve de nada.

Y el siguiente problema es todavía más grave. Tampoco tenemos inteligencia. Lo que dice y hace Sara Sefchovich es muy grave y profundo. Porque llora y gimotea como ama de casa víctima cuando de todo lo malo que enlista, tiene parte de culpa. Se presenta como licenciada, master, doctora e investigadora, para ignorarlo y acreditar toda la responsabilidad a los políticos.

Los políticos no desarrollan facultades racionales privativas, no son ingenieros civiles, no son licenciados o masteres en sociología y menos doctores en historia o investigadores. Los políticos son especialistas en emociones. No son genios que dominen todos los campos del conocimiento humano. Y solo se dedican y se les puede exigir que hagan lo que deben.

Los políticos son los administradores del talante de la población. Su trabajo consiste en engrasar (en el buen sentido de la palabra), la marcha del país. Lo cual logran convocando a la sociedad y que esta acuda, con buena disposición y buen estado de ánimo, a ponerse de acuerdo. De allí que la queja contra los políticos es totalmente injusta.

Enrique Peña Nieto, con todo y tropezones, está haciendo un trabajo político excelente. Y es de lo que se queja la investigadora. Pero el alcance del político se reduce al estado de ánimo en las negociaciones, y no al contenido de las mismas.

Por lo mismo los políticos no pueden solos sacar al buey de la barranca. Ellos hacen su parte y los demás deben hacer la suya.

Primero necesitamos formar ciudadanos ya que cualquier político en ausencia de ciudadanos se echa a perder. Hasta que no exista el muro de contención de la ciudadanía no podemos tachar de desbordado a ningún político.

Y segundo, donde están todos los que se supone que “se prepararon” en las instituciones de educación superior, UNAM la primera.

Enrique Peña Nieto está haciendo muy bien su parte, pero espera que el resto de la sociedad haga la suya. Si los universitarios, licenciaturas, masteres, doctores e investigadores no introducen lucidez al asunto la brillante labor política se puede malograr. Pero la falla no será de la política sino porque el sector racional del país es un fraude. La parte superior del fraude educativo.

No solo las primarias están dando certificados a cambio de tiempo parcial de reclusión, también las secundarias y preparatorias. Y también a cambio de tiempo parcial de reclusión, las facultades están licenciando, diplomando, masterizando y doctorando a plantas.

Antiguamente el problema de los egresados universitarios era el suicidio intelectual, ahora es la momificación. Anteriormente se acostumbraba estudiar únicamente y hasta obtener el título y después de recibirse, quemaban los apuntes y libros para no volver a leer nada. Ni lo requerían, porque había que dejar de perder el tiempo en tonterías (como estudiar), para aprender la verdad del mundo real (pura corrupción y lo que no se debe hacer) para ponerse a trabajar.

Los egresados universitarios, ahora ya no tienen que suicidarse, se lo ahorran. Y es que las preparatorias están entregando puro bulto. Puro animalito silvestre. Con muy escasas y precarias artificializaciones. Que ni siquiera saben leer.

Al subdesarrollo lo caracteriza la artificialidad. Se sabe que una sociedad es subdesarrollada cuando las plantas no son vegetales sino de hule, los intelectuales no inteligen, los sociólogos no saben de sociedad, los universitarios son atenidos incapaces de demostrar la superación que presumen (y por la que muchos cobran), a los esclavos se les confunde con ciudadanos y ser apocado, cobarde e impotente, son las cualidades universitarias.

*Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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