Lunes, Noviembre 20, 2017
   
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NI FU, NI FA: Ángel Pujalte Piñeiro*

*Artificialidad del subdesarrollo

Mi entrega anterior señaló la artificialidad del subdesarrollo. En el que las plantas en vez de ser vegetales son de plástico y los instrumentos sociales los suplantan caricaturas o malas imitaciones de los del primer mundo.

Ahora llamo la atención sobre la artificialidad en el orden administrativo nacional. Que se encuentra entre una aparente concordia ordinum y una forma racional de administrar al país.

Es innegable el intento de corregir absurdos insostenibles. Principalmente desechar a vividores de los recursos públicos. Como los aviadores del magisterio.

Tentativa con tufo a maniobra de mafiosos. Al parecer deshacerse del que ha sido descubierto y sus actividades son del dominio público o se ha vuelto indefendible.

Que si no lo agarra la policía, ellos mismos lo balconean, entregan o matan. Para quitar ruido y riesgos a la operación de los que no han llamado la atención o todavía lo tolera la sociedad. La idea no es corregir sino mantener los negocios chuecos que no se han quemado.

Porque los principales problemas de la administración pública mexicana son las fugas de recursos y los planteamientos equivocados. Lo que no se roban lo usan mal. A los depredadores sociales se le debe agregar las acciones que no conducen a los fines que pregonan.

Que bueno que se le cierre la llave de los recursos públicos a los vividores del magisterio y se utilice parte de lo que se recupere en reconocer la labor de los verdaderos maestros con vocación de servicio y responsabilidad social. Para que por lo menos allí debute que al que se porte bien le vaya bien y al que se porte mal le vaya mal. Y qué bueno que se le cierre la llave a los que saquean recursos públicos al beneficiarse de la sociedad sin corresponder en la medida debida o ninguna. A las burocracias descontroladas y malos “empresarios”.

Pero los hoyos por los que se escapan los recursos públicos son incontables. Prácticamente para donde se voltee hay fugas. Se le deben amarrar las manos a secretarios, funcionarios y burocracias federales, gobernadores, funcionarios y burocracias estatales, presidentes, funcionarios y burocracias municipales. El saqueo de recursos públicos es un problema cultural, administrativo y legal.

Lo que junto con la incompetencia de parte significativa de los servidores públicos y los errores de planteamiento, forman el cóctel del subdesarrollo o de la administración social anacrónica, de la que se pretende salir. La incompetencia y soluciones equivocadas son problemas de conocimiento e inteligencia.

Un planteamiento atávico no superado es el del gobierno acaparador y repartidor. Que se justifica presentando al gobierno como motor de la economía. Lo que es parte del error de planteamiento que nos mantiene en el subdesarrollo.

En los países desarrollados el gobierno maneja el timón y los que reman son de la parte privada de la sociedad. El motor de la economía son los empresarios. Por eso en USA para reactivar la economía baja las tasas de interés, los impuestos y el costo de los insumos. Para facilitarle su tarea a los empresarios.

Pero aquí la mentalidad gubernamental es diferente. Se cree que el motor de la economía es el gobierno y los empresarios son clientela del gobierno o asociados de políticos. Deformación efecto del ataque sistemático que la “política revolucionaria” hizo durante décadas contra los empresarios, haciéndolos culpables de todos los males sociales, laborales y económicos y tras el remate del TLC, solo sobreviven empresarios artificiales y muy pocos auténticos.

Insuficientes para activar la economía o regenerar la especie. Es patético el esfuerzo del gobierno para rehabilitar una vocación (no todos) que sistemáticamente corroyó su imagen y existencia, durante mucho tiempo y que ha dejado sus huellas en la cultura nacional y en la artificialidad de lo existente.

Corroborado por la visión de normalidad del gobierno acaparador y repartidor y en la necesidad de los contratos y compras gubernamentales o de ventajas fiscales y monopólicas o comercio de porquerías baratas.

De allí la delicadeza del lance. El gobierno no tiene de quien asistirse y menos a quién echarle encima la carga del país, ni tampoco la culpa. Pero para echar a andar el país necesitamos echar a andar a la sociedad. Y echar a andar a la sociedad quiere decir echar a andar el mercado interno. Lo que es poner a trabajar una sociedad en la que unos pichen y otros cachen en un juego en el que todos participen y ganen.

Pero el desprestigio y ataque sistemático al empresariado y la puntilla a las cadenas de valor del TLC, nos deja como perro en medio del periférico. Atrapado entre el tráfico que apenas esquiva y amenaza con atropellarlo y lejos de las dos banquetas: la del camellón, a la que no puede regresar después de descubrir que lo estancó y atrofió su falsa seguridad que no conducía a ningún lado. O la orilla de la racionalidad, que le abre el panorama, pero que le queda lejos y tiene los músculos entumidos.

De allí la diferencia con el primer mundo y la razón por la que cuando ellos bajan los impuestos aquí los subimos y cuando ellos jalan para un lado nosotros jalamos para el otro. Porque no somos de derecha ni de izquierda, sino todo lo contrario.

Porque somos una mezcla de fantasmas de un pasado, que no termina de morir con planteamientos racionales. De anacronismos y modernismos, Por eso no vemos un concordia ordinum ni una nueva y racional organización de la administración pública, sino un champurrado.

Por eso vemos más un gobierno que cuida las finanzas gubernamentales por encima de las de la sociedad. Por eso no cuadran las cuentas. Y al neutralizarse en su contradicción, no ofrecen buenos resultados. Lo que hace que el problema de fondo sea conducir a una descreída y desconfiada sociedad a cruzar el desierto. A que asuma los sacrificios actuales que son necesarios para los beneficios a mediano y largo plazo.

¿Cómo cambiar una mentalidad que la propaganda gubernamental labro remachando muchas generaciones las mentiras en que se sustentaba el régimen revolucionario? ¿Cómo recuperar la confianza de una sociedad acostumbrada a que todo lo que dice y promete el gobierno, son mentiras?

Porque por mucho que capte el gobierno, por problemas de escala, solo va a beneficiar a su claque y clientela. Y una medida anticíclica supone que la economía está en un trance temporal. Que es una bocanada de oxígeno en lo que la economía se recupera.

Pero después de 500 años de simular el desarrollo material solo ensanchando la infraestructura física que dejaron los coloniales, que no se planeó para propiciar el bienestar y prosperidad material de los habitantes, sino para saquear el país. No tenemos la infraestructura física necesaria para que la población eche a andar sus actividades productivas.

Y después de 500 años de menospreciar y conculcar la creatividad social en la imposición de un mundo de fantasía en el que al que se porta mal le va bien y al que se porta bien le va mal y en el que vivir fuera del presupuesto es vivir en el error, como dijo César Garizurieta (“El Tlacuache”).

Va a hacer falta una verdadera labor política de alta escuela y mucho conocimiento e inteligencia, para convocar y ganarse la confianza de la sociedad para que no se desespere y crea en las buenas intenciones y capacidad de su desprestigiado gobierno, en lo que se empiezan a ver resultados.

*Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.

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