Lunes, Noviembre 20, 2017
   
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LA REFORMA: Jorge Meléndez Preciado

*Que espantó a varios

Seguramente no lo esperaban los hombres de negocio. Tampoco los panistas y sectores de la clase media. Mucho menos quienes han luchado en las calles y los medios. Pero ante la recesión mundial, que va para largo, era suicida hacer lo que el PRI y en especial César Camacho preveían no obstante que lo incorporaron en los estatutos del tricolor: imponer el IVA en alimentos y medicinas y gravar hasta puertas y ventanas, estilo López de Santa Ana.

Al contrario, ante una recesión que es evidente en México hace nueve meses, de la cual es imposible salir sin un empuje interior y esperando que el mundo componga un tanto las expectativas, lo que se intenta es que paguen más algunos ricos que lo pueden hacer aunque se quejen al máximo, que el sector de la clase media también le entre con su cuerno y evitar que los pobres, más del 70 por ciento de la población,  continúen  deteriorando  su salario.

Por lo tanto, a éstos hay que darles algunas cafiaspirinas para que  puedan sobrevivir e incluso ayuden a que el consumo aumente.

No es ni siquiera un keynesianismo que sería importante, sino algo más ligero pero que intenta cuando menos dos cosas: que no exista un mayor deterioro de la base social del PRI- gobierno y que haya posibilidades de que la reforma energética, en la que se han puesto las mayores expectativas, se apruebe.

Ambas cuestiones se harán aumentado el presupuesto en salud, educación, pensiones, seguro del desempleo y ayuda a los de la tercera edad- esta última fórmula señalada como populista hace años con el objeto de desprestigiar a López Obrador, hoy convertida en dogma por todos los gobernantes- y que los partidos políticos, en especial el PRD ya enganchado a fondo en el casi siempre a punto de quebrarse Pacto por México, acepte la mencionada reforma petrolera.

La apuesta es riesgosa, pero no hay de otra en un mundo convulso que tiene a la clase política en vilo, como lo vemos en Inglaterra, España, Estados Unidos y hasta Alemania, no se diga en las naciones emergentes que ya no son los motores económicos universales, exceptuando China.

En efecto, la reforma hacendaria que le dio respiración a Luis Videgaray y Enrique Peña Nieto pero que irritó a los cúpulos privados, plantea gravar más las ganancias de éstos- no tanto para que desaparezcan  sus amplias utilidades-, les da un pellizco a lo que obtienen en la bolsa de valores especulando y tratará de evitar lo que se llama consolidación fiscal; es decir, que las pérdidas en una empresa las puedan resarcir de sus ganancias otra.

Todo ello y más será parte de lo que debe contribuir a un presupuesto que obtiene poquísimo en impuestos de los multimillonarios.

La clase media, es cierto, no podrá estar muy a gusto ya que pagará por muchas cuestiones que durante largo tiempo eran un beneficio: la renta de casas, gasolina, las colegiaturas en las escuelas, entradas a espectáculos y al futbol.

(Por cierto, hace poco Justino Compeán dijo que los beneficios en las eliminatorias mundiales, no obstante lo desastroso de la selección nacional, que hasta hace unos días eran de 100 millones de pesos, deberían ser condonados por Hacienda para repartirlos en los clubes de la patabola).

Algo que es realmente inequitativo: subir el ISR al 32 por ciento a quienes ganan más de medio millón de pesos al año. En otros países, los que en realidad quieren recaudar, el impuesto es progresivo y   llega en ciertas ocasiones a más del 50 por ciento a quienes obtienen millones de pesos en utilidades. En México las grandes empresas, Walmart, por ejemplo, no contribuyen ni con el 10 por ciento de lo que saquean.

En estos momentos, incluso esos consorcios tienen ventas bajas debido a la recesión mexicana que no dice su nombre. Así pues, que el estado financie a muchos no es simple ocurrencia, sino necesidad de salir de la crisis endeudando al gobierno federal, algo que no entienden los señoritos del PAN y que es común para una situación llamada contracíclica, o sea, que es indispensable para salir del hoyo en que estamos metidos.

La economía es cosa seria y compleja, tanto así que Gustavo Madero y Martí Batres coinciden en que no se debe gravar las colegiaturas en las escuelas. Tal vez no en todas, pero sí aquellas donde van los hijos de ricos, políticos y hasta narcotraficantes.

Los enojos de Gutiérrez Candiani y Claudio X. González muestran, una vez más, que sólo creen en las recetas del FMI. Cuestión que  Krugman, Stiglits y otros reprueban ya que ha ahondado los problemas económicos.

Hay muchas otras cuestiones, pero que el IVA en alimentos y medicinas no se imponga es algo que muestra la importancia de la protesta social toda.

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@jamelendez44

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