Martes, Febrero 20, 2018
   
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COLUMNA DEL SENADO- Mely Romero Celis

*Los campesinos no requieren programas asistencialistas

Los campesinos requieren acciones contundentes por parte del Gobierno federal, que les permitan ser competitivos, no sólo en el ámbito nacional, sino ante el entorno internacional.

Se requieren no programas asistencialistas, sino decisiones firmes, que les pongan, si no en condiciones de ventaja, sí al menos igualitarias respecto de los productores del resto del mundo.

Por eso, los legisladores cenecistas y quienes se identifican también con el campo mexicano, valoramos profundamente la decisión tomada recientemente por el Gobierno federal, para modificar la tarifa de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación, publicada, esta decisión, mediante un decreto, el pasado viernes 13 de diciembre de este año.

Específicamente se revierte un decreto anterior, emitido en mayo de 2008. En ese entonces, el Ejecutivo federal, en atribución a sus facultades para gravar las mercancías que se importan o exportan del territorio nacional, publicó un decreto mediante el cual se eliminó el impuesto a la importación del maíz blanco y del maíz amarillo, que antes era del 194 por ciento en relación al costo por tonelada de maíz producido aquí en México, dejando en ese momento en cero por ciento el impuesto a la importación.

El maíz, sabemos, es el alimento auténticamente mexicano consumido por prácticamente la totalidad de las familias del país.

El gobierno en ese momento, decidió eliminar el impuesto para garantizar el abasto en México.

Sin embargo, aquí son 7.5 millones de hectáreas las que son sembradas de maíz cada año, y debemos valorar que del 2000 al 2010, el número de hectáreas disminuyó en siete por ciento.

Entre otros factores, la exención del impuesto a la importación, provocó el desplome del precio para los productores mexicanos, afectando gravemente sobre todo a los más pequeños.

Pero el decreto de 2008, además, eliminó el impuesto a importación del arroz, del trigo, del sorgo, entre otros alimentos, para países con los que México no tiene tratados comerciales.

Algunos alimentos, como el limón, posteriormente tuvieron modificaciones arancelarias ante contingencias sanitarias o climatológicas en algunos otros casos.

Ante argumentos reiterados de senadores, diputados, los mismos productores, para que el Gobierno federal pueda replantear las medidas tomadas previamente, y habiendo escuchado a los campesinos, como en el caso del limón, se comprometieron a abastecer la demanda nacional.

Valorando también que con acciones y programas efectivos, el campo mexicano puede fortalecerse para evitar la creciente dependencia de alimentos importados, es que la Secretaría de Economía después de una serie de reuniones de trabajo, tuvo la sensibilidad de replantear esta tarifa que tiene que ver con la Ley de Importaciones y Exportaciones.

No omito mencionar algo que todos sabemos, la Organización de las Naciones Unidas a través de la FAO, recomienda que un país debe producir, al menos, el 75 por ciento de los alimentos que consume.

México produce actualmente el 57 por ciento, y en algunos alimentos como el sorgo y soya, llegamos a importar hasta el 80 por ciento de lo que aquí se consume.

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