Jueves, Abril 09, 2020
   
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DESVIACIONES: Ángel Pujalte Piñeiro*

*Animalidad y artificialidad, sesgos conceptuales

El rector inauguró la Feria Internacional del Libro con la desafortunada declaración: “Los libros quieren darnos la oportunidad de perder algo de nuestra animalidad para hacernos más humanos”. Y agregó: “El compromiso de la UNAM (es) extender los beneficios de la cultura a toda la sociedad”.

La deficiente distinción de dimensiones es inadmisible en un jerarca de la formación de nuevos cuadros y conocimiento. Porque los sesgos conceptuales eluden el fondo del problema y desplaza la atención a callejones sin salida, en los que se enraízan desviaciones que se potencian en los nuevos cuadros y conocimiento producido (aceptando sin conceder).

El hombre nunca va a “perder” su animalidad ni parte de ella y solo puede nacer, vivir y morir animal. La animalidad es el sustento de la vida y la única dimensión del hombre que ha probado su valía. Si estamos vivos, es gracias a la animalidad. En contraposición la “inteligencia” todavía no ha demostrado su valor. Ha sacado a la vida de las condiciones materiales que la propiciaban y día a día socava su estabilidad. Logrando condiciones de vida invivibles en que impone sacrificios sin futuro en el absurdo en que la animalidad lucha por la vida y la “inteligencia” por acabar con ella.

El sinsentido no es verdadero, sino causado por confundir y suplantar a la inteligencia. De allí el entrecomillado, porque esa denominación acostumbra significar cualquier ocurrencia o creencia, por desafortunada que sea.

El hombre no es animal racional ni ser humano, sino simio bípedo sin rabo con potencial racional y humanizable. (Humano es que entiende los problemas y necesidades ajenas): No cualquier simio bípedo sin rabo por nacer homínido llega a racional ni se humaniza.

En todo caso requiere que de fuera se le transmita, se le inocule la racionalidad y el humanismo. Factores ambos que determinan la ubicación y orientación, positiva o negativa, de la persona en el mundo.

Conceder que el rector quiso decir que leer abona la racionalidad y humanismo revela desconocimiento que nadie nace racional ni humano y que son artificialidades con las que se debe modificar o reformar en forma consciente y orientada a los congéneres. (Algo de lo que debe estar consciente y en el centro de la atención de un jerarca de la educación).

Una cosa es agregar y otra quitar. Creer que la animalidad se quita es opuesto a cargar, abastecer, poner cosas que no estaban. Error que evita llegar a la pertinencia de los contenidos. Lo que hace parecer que leer o enseñar cualquier cosa produce los mismos resultados.

Otro soslayo conceptual es la conveniencia o inconveniencia de la racionalidad. Sólo una mínima minimorum fracción del infinito de posibilidades es conveniente para la vida y las insuficiencias e imperfecciones en la artificialización del hombre actúan contra los fines de la misma.

En la racionalidad no hay medias tintas, sino un nivel, un cierto grado de racionalidad a partir del cual, las conclusiones de la racionalidad empiezan a converger en forma natural, a preservar la vida y propiciar el bienestar y prosperidad material de todos los hombres, pero bajo ese nivel trabaja contra la verdadera inteligencia. Como egoísmo de gangrena, que mata al huésped y muere con él. Nivel que pocos alcanzan y que es complicado por la mutilación y diáspora conceptual consecuente de la especialización.

La especialización extrema disloca al especialista de la sociedad al borrar y olvidar a los demás, al medio y a todo lo que no es interno en su exclusivismo. Gente cuya concentración de atención hace trivial e irrelevante a los otros y lo particular, del aquí y ahora, en una visión “desligada” de quien es, que hace, quien paga sus gastos y para quien trabaja, todo suplido con fantasías. Lo que lo hace un ser insociable, irracional e inhumano.

Condición de “genio” al que las imperfecciones en su racionalidad (especialista de especialista), lo hacen insociable e inhumano, lo que a su vez lo hacen inconveniente para la sociedad.

Un libro de un ‘distinguido y connotado’ investigador de un instituto de ingeniería, del área de Ingeniería civil: El rompecabezas de la ingeniería, Por qué y cómo se transforma el mundo, (FCE ISBN 978-968-16-8444-0) consigna un vasto catálogo de sesgos conceptuales que hacen insociable e inhumano al portador. Y es donde le corresponde al rector poner su atención y donde más lograría.

El mayor reconocimiento y jerarquía social debe corresponder al mayor mérito y parte del problema lo causa otorgar jerarquía y reconocimiento social a gente sin mérito o que abiertamente son lesivos para la sociedad.

Entre los investigadores por lo menos me consta que existe un grupo que se dedica a sumar apoyos: como investigador de tiempo completo (24/7) en algún Instituto de Ingeniería, como académico de tiempo completo (24/7) en la facultad, como miembro (24/7) del Sistema Nacional de Investigadores y que en vez de desquitar los apoyos se dedican a buscar (24/7) contratos por fuera, que son de venta de indulgencias para trapacerías de depredadores sociales en competencia desleal a los verdaderos Ingenieros Civiles.

Hecho que revela el desatino de la segunda aseveración “el compromiso de la UNAM (es) extender los beneficios de la cultura a toda la sociedad”.

El primer error que porta es suponer que los beneficios de la cultura sentaron sus reales en el interior de la UNAM, en una situación inmejorable, por lo que solo falta sacar esos beneficios de la UNAM para derramarlos sobre toda la sociedad.

La UNAM es una herramienta que uno de sus objetivos es ese. Pero primero se debe verificar que la herramienta es y hace lo que debe. Y ese libro prueba que por lo menos un grupo de mimados en la UNAM no es ni hace lo que debe. Que se creen merecedores de todo por su genética y que la población abandonada, esta amolada, porque a los fregados así les gusta (¡¿?!).

La UNAM debe formar profesionales generalistas que no se extravíen en el detalle ni pierdan el sentido social de las prácticas profesionales. Parte del problema es el desplazamiento y cesión de la inteligencia social, de los profesionales, de los que estudian y se preparan, a los políticos, que ni estudian ni se preparan, más allá de mañas y ductilidad. Lo que crea problemas. Como quitar todo sentido a la necesidad de prepararse y superarse. ¿Para qué estudiar y superarse en un lugar donde los que deciden son los inpreparados empoderados?

El sinsentido reduce la preparación a la adquisición de prestigio (charlatán), que es lo que compran y pagan los políticos, como fundamento del aval para sus trapacerías.

Y los investigadores cuentan con un enorme capital de ese tipo (gratuito de lugar común), sus presupuestos son favores políticos y la visión parcial de especialista los hace inconscientes e irresponsables, por lo que sirven a cualquier depredador social y bloquean a los auténticos factores sociales que pueden y deben rescatarla: los profesionales. Lo opuesto al objeto patente universitario y a la necesidad nacional.

Los investigadores se “igualan” a los del primer mundo, donde si desquitan lo que cuestan sin depender de presupuestos públicos a fondo perdido, sino actuando insertos en la vida económica del país, no son artificiales.

Se “igualan” a pesar que no consta ninguna aportación que valga la pena de investigadores mexicanos del área de Ingeniería Civil. Sin embargo los “Institutos” de una indefinida Ingeniería (no civil, mecánica ni eléctrica) se reproducen como hongos que pican como gallinas en todos lados y en ninguno hacen hoyo. Lo que aparenta depósitos de sanguijuelas.

Casos hay para tirar para arriba. Esta el PUMA (Programa Universitario del Medio Ambiente) cuando el problema de los desequilibrios en el medio ambiente es inocultable en franca violación al Artículo 27 Constitucional.

Los desequilibrios han hecho de la Cuenca de México el hoyo negro del país, cuyo desorden rebasa muchas capacidades de la Naturaleza. El primer recurso es el espacio y es inocultable que ya no cabemos, el primer recurso para la vida es el agua y el señor Ingeniero Civil Carlos Ramírez Sama en el libro “Problemas de la Cuenca de México” del Colegio Nacional, declaró que la capacidad hidráulica de la Cuenca se rebasó en 1964.

Pero el PUMA es autista igual que el Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad. El concepto de ciudad es el de mercado. Una ciudad funciona cuando propicia el intercambio de bienes y personas. Y en una cuenca moribunda y una ciudad decadente actúan como depósitos de mirones de palo, que solo saben cobrar y callar. Y es que cobran por avalar los sinsentidos de los depredadores sociales que hunden al país.

Por el Artículo 134 Constitucional y un mínimo de ética se deben compara los costos con los beneficios que cada investigador y cada instituto o centro reditúa a cambio de lo que cuesta. Y no veo quien resista la comparación.

Nuestro país acumula en la mayoría de sus problemas un componente sustancial físico, una parte relevante material. Para los que no sirven las soluciones políticas. De las que se abusa al no conocer otra.

La Ingeniería Civil es la práctica profesional específica para administrar la frontera de contacto de la sociedad con la Naturaleza. Una práctica profesional de contacto con el mundo real en el aquí y ahora, de la particularidad y el estudio de la casuística.

Los investigadores, doctores, masters y académicos de tiempo completo son de otro mundo, del de lo teórico, del de lo abstracto, de lo valedero para todo en lo general pero excluyente de cualquiera en lo particular. Uno existe otro no. Uno es verdadero y otro una simple referencia.

Pues cuando más necesita el país a la Ingeniería Civil, es cuando más ataques recibe. Su práctica acostumbra ser violentada por políticos y depredadores sociales, por la enorme cantidad de recursos que se involucran en la práctica. Pero antes el impacto en la vida nacional de las insuficiencias, desviaciones y excesos en la administración del país, en parte lo absorbía y ocultaba la opulencia de los recursos nacionales, pero por la persistencia e incremento en los desequilibrios físicos, el país ya no aguanta más.

Desde 1929 han habido por lo menos cuatro intentos de auténticos Ingenieros Civiles, por insertar a la Ingeniería Civil en el lugar, con las facultades y la disposición necesaria para poder efectuar la racionalización de la vida material de la sociedad mexicana, mismos que fueron descarrilados por el poder político, que ve amenazada su hegemonía. Pero el último ataque es el más peligroso por mustio, el de los investigadores, que como no investigan y se han mal acostumbrado al dinero lo buscan suplantando a otra práctica profesional que desconocen. Un master, doctor o investigador no es un meta ingeniero sino lo opuesto, no es más capaz, sino incapaz como I.C.

Ya corrieron de la facultad a los auténticos Ingenieros Civiles que de la trinchera iban a dar su visión del mundo real en una clase, para cambiarlos por esquizofrénicos (sin contacto con el mundo real), por gente que vive en el mundo de la fantasía de lo abstracto, que cree que “la teoría” es la forma suprema de conocimiento, cuando una teoría es lo único que se tiene cuando no se tiene seguridad de lo que se tiene enfrente.

Por eso, señor rector, si quiere hacer algo por la sociedad no derrame sobre la sociedad la esquizofrenia que desbordan algunos investigadores, sino mejor sáquela de la facultad de ingeniería y restablezca a la auténtica Ingeniería Civil para que ésta a su vez pueda derramar sobre la población sus aportaciones privativas: preservar la vida y propiciar el bienestar y prosperidad material de la población.

*Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón y La hermana perversa de la Ingeniería Civil.

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