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INCREÍBLE: Ángel Pujalte Piñeiro*

*Descontrolada recepción de documentos

Igual que lo había hecho muchas veces, el miércoles 20 de noviembre me apersoné en la puerta uno de la Cámara de Diputados para entrar a entregar correspondencia a varias comisiones.

Uno de los trajeados de la entrada me “instruyó” que debía entregar toda la correspondencia en la Oficialía de Partes, que “casualmente” está del otro lado de la Cámara, en la puerta siete.

Me molestó la ligereza con la que alteran la vida ajena, al cambiar, sin previo aviso, lo establecido con anterioridad, pero me regocijó la idea de entregar toda la correspondencia en un solo lugar y ahorrarme la peregrinación por interminables pasillos de montones de edificios para entregar cada documento en cada comisión a la que corresponde.

Con esa ilusión me consolaba mientras sorteaba barricadas y caminaba en el rayo del sol para dar la vuelta hasta el otro extremo de la “accesible” camarita para llegar y enterarme que en efecto, allí hay una Oficialía de Partes.

Pero no es una Oficialía de Partes de la “Cámara de Diputados”, la que al parecer carece de una propia y de todos, sino que se trata de una Oficialía de Partes que es exclusiva del Partido Revolucionario Institucional y el Club de Toby.

Y lo insólito, que también el PAN y el PRD tiene su propia y exclusiva Oficialía de Partes.

No sé por qué creía que la Cámara era de todos. Que lo de los partidos políticos era una moda que solo existía en época de elecciones, ya que esas distinciones pierden todo sentido cuando se trabaja por el bien común, por la sociedad, como debe hacerlo un servidor público que no cobra por atender intereses particulares, como los de un partido, grupo, mafia o club.

Como también creía que toda dependencia de gobierno debe tener una oficina abierta y accesible las 24 horas de los 365 días del año para recibir documentación y correspondencia. Pero parece que tampoco es cierto.

Regresé a la puerta uno a intentar entrar a entregar papel por papel en comisión por comisión y tampoco se pudo.

Por una comparecencia no se podía entrar a entregar correspondencia a las comisiones. (No encuentro la relación, pero las comparecencias inmovilizan a la correspondencia). (¿Y viceversa?)

“Que regrese el viernes a ver si hay suerte, porque el jueves seguro tampoco se va a poder pasar y por lo mismo no se puede entregar correspondencia”.

No soy ingenuo. El problema de la comunicación con el gobierno no nace ni muere con que se limpien la cola con la correspondencia, eso es posterior al triunfo que es necesario para entregarla.

Pero no se espanten porque es apenas un pequeño atisbo al subdesarrollo. Al ridículo de la formalidad tercermundista.

*Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.