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NUEVA YORK: Por Leticia Puente Beresford

Escrito por Por Leticia Puente Beresford el . Publicado en Nuestros Columnistas

*Despertemos ante la violencia

Nueva York, marzo de 2016.- Me quedé fría, no  lo podía creer. ¿Y ahora qué hago? De inmediato le dije a la cajera: ¿escuchó lo que me dijo este señor?

Me miró y  preguntó ¿qué va a hacer, pago o devolución? Pago, dije, y volví la mirada a ese hombre que me secundaba en la fila y que me había dicho, sin más ni más, “F… you… and go…go…”.

No esperaba algo así. Mi esposo estaba a la vuelta de la caja. Terminé con mi pago y el hombre siguió en turno. Fue cuestión de segundos. Dudé en comentarle a mi esposo, pero decidí que sí, aunque corriera el riesgo de que al reclamarle el tipo reaccionara de forma agresiva.  

“Ese hombre me insultó”, le dije y ni tardo ni perezoso estaba frente al hombre. “Óyeme, qué te pasa, es mi esposa”. El hombre reaccionó frío, me miró y expresó con voz falsamente melodiosa “lo siento, disculpe”. 

“Hombre no es aquel que insulta mujeres, cobarde”, le dijo mi esposo. Rumbo a la salida de la tienda, mi esposo me confesó que presintió que el hombre me estaba diciendo algo. “Qué bueno que me comentaste”.  

Hace tres días de esto y aún pienso en que, cuando denunciamos, sobre todo en México, la culpable resulta ser una.  

Así con el cobarde, que inicio con una agresión el mes en que celebramos el Día Internacional de la Mujer, un mes donde recordamos y promovemos el empoderamiento de las mujeres en el mundo…

Dice mi esposo que no debemos generar violencia dando un golpe al agresor, porque quien va a la cárcel es el que responde a la ofensa. Y bueno, el cobarde quedó en ridículo, pero es cierto que la impunidad es una constante y que la violencia se normaliza. 

Habla una experta

Sobre la violencia que se ejerce contra las mujeres, Sarah Sewall, de la Organización de  Estados Americanos (OEA), afirma que en Estados Unidos, los asaltos sexuales en las escuelas los padecen una de cada cinco mujeres, pero solo uno de cada 10 es denunciado.

En 2014 hubo más de 19 mil asaltos sexuales en el Ejercito de los Estados Unidos, 86 por ciento sin reportar. Además, 53 por ciento de todas las mujeres de América latina ha sufrido alguna forma de violencia doméstica. En Guatemala, miles de niñas han sido violadas sexualmente por sus padres y/o miembros de su familia, muchas se convierten en madres de familia antes de cumplir los 15 años. Más aún, en muchos países de la región latinoamericana,  muchas mujeres son asesinadas. Tan solo en Colombia matan a 10 mujeres al día. 

Sewall, secretaria de Seguridad Civil, Democracia y Derechos Humanos de la OEA, asegura que los números son escalofriantes, inaceptables, y que debemos de llamar a esta violencia como lo que es: abuso y violación a los derechos humanos de nuestras propias hijas, hermanas y madres. 

De todo eso habló la funcionaria en un acto conmemorativo del 8 de marzo, día en el que también el presidente Barack Obama afirmó que uno de los mejores indicadores del éxito de un país es cómo trata a sus mujeres. Y, bajo esta medición, reconoció, tenemos mucho trabajo qué hacer.

Prevención  

El trabajo para evitar la violencia contra las mujeres inicia con la prevención. Esto quiere decir que los ciudadanos, en lo particular, pero también los líderes y funcionarios públicos, especialmente los hombres, tienen que estar en contra de la violencia y en favor de la equidad. “Está en todos nosotros no tolerar los asaltos sexuales y rechazar la aceptación de lo inaceptable”, dijo Obama. 

Hablar de la prevención también es, explicó Sarah Sewall, la funcionaria de la OEA, es acabar con la inequidad profunda que prevalece en la educación, en el empleo y en la política y que fortalece una cultura donde la mujer es devaluada y menospreciada, donde no hay respeto a la igualdad de oportunidades y ni a la protección. 

Mencionó también que en aunque en algunos países de la región se ha hecho un gran trabajo en la educación y en el área de la salud,  la inequidad por razón de género persiste. Las mujeres de la región siguen aún ganando menos salario que los hombres por un trabajo igual. Además, las mujeres no están representadas equitativamente en los niveles de gobierno ni en los negocios. En Estados Unidos, en 500 compañías, solo 24 están dirigidas por mujeres y ellas ocupan solo 20 lugares del Congreso. 

En el sistema de justicia hay avances, afirmó, pero aún se requieren mejore procesos judiciales para ellas. Hay que romper las barreras que enfrentan las víctimas, como en México y Chile, donde hay muchos casos de violación a los Derechos Humanos de las mujeres que quedan impunes.  Es urgente, dijo, contrarrestar estos ataques contras sus derechos fundamentales. 

Estrategias en Estados Unidos

El Departamento de Estado de Estados Unidos ha desarrollado una estrategia global para atacar todas las formas de violencia hacia las mujeres de manera holística, mejorando la protección a las víctimas y el acceso a la justicia. Para ello destinó 150 millones de dólares y lo incrementará en 60 por ciento. 

Las embajadas estadounidenses  desarrollan asimismo planes preventivos de violencia en contra de las mujeres y niñas. Sewall  destacó el estudio del McKinsey Global Institute, que calculó que lograr equidad para las mujeres en 2025 se obtendíia 12 trillones de dólares del  Producto interno Grupo a nivel mundial (GDP).

Asesinato de Berta Cáceres, botón de muestra

Sewall no pasó por alto el reciente asesinato de la activista hondureña Berta Cáceres, quien no se amedrentó ante las amenazas y siguió hablando y haciendo denuncias sobre los atentados al medio ambiente y los recursos de su país. “Despertemos”, pedía a la población. 

Nos sentimos devastados, dijo Sewal, pero seguimos teniendo sus palabras, tenemos su ejemplo, Y nosotras debemos despertar, despertar ante la violencia en contra de las mujeres como Berta, quien con gran pasión lograba propósitos y contribuía a un mundo mejor. 

Y yo, junto con Sewal muchas más mujeres, demando justicia para Berta, me manifiesto en contra de la violencia que se comete a diario contra nuestras hermanas, nuestras hijas y madres en América. Y no paso por alto las agresiones “comunes”, que se vuelven cotidianas y que, pese a los insignificantes que puedan parecer, como el del señor que me agredió en la tienda, nos vulneran e impiden que haya un mundo bueno para todas y todos.