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Inviable Iniciativa de Ley de Profesiones que pone la iglesia en manos de Lutero

Escrito por Ángel Pujalte Piñeiro el . Publicado en Nuestros Columnistas

*También pasan revista a un ministro

*Evidencian perversión de colegios

*Criminales prácticas lucrativas

Por Ángel Pujalte Piñeiro*

La columna de la senadora Arely Gómez González el 26 de febrero, la del senador Miguel Romo Medina el 5 de marzo, ambas en Grilla en el Poder y la del ministro de la Suprema Corte José Ramón Cossio Díaz del 4 de marzo en El Universal, exponen serio desconocimiento de las actividades lucrativas no subordinadas y del papel que tienen en la evolución social, la manera en que benefician o perjudican a la sociedad plural.

La simplificación conceptual exagerada de la iniciativa de Ley General del Ejercicio Profesional Sujeto a Colegiación, reglamentaria del artículo 5 y 121 de la Constitución, hace que de ser expedida, empeore el estado de cosas y ponga a la iglesia en manos de Lutero.

Desconozco la iniciativa y solo la precariedad conceptual y frivolidad de los comentarios panegiristas anodinos del ministro y los senadores. Sus declaraciones irresponsables y desplantes políticos reflejan un histrionismo que busca satisfacer una necesidad de aparecer en público, sin importar desviar la atención y resultar ajenos y perjudiciales para el entendimiento del problema al reducirlo a una estrecha visión trivial.

El conocimiento y comprensión lo suplen con buenos deseos y buenas intenciones, que nunca corrigen a un mal planteamiento, un análisis sesgado y una mala solución. Desconocen el complejo y extenso problema que significa para el país, la anarquía teórica y práctica que priva en las actividades lucrativas no subordinadas.

Ni los senadores ni el ministro ven las diferencias entre operar con leyes de la Naturaleza, como en la medicina o ingeniería, con operar leyes convencionales del hombre, como el derecho. Ni entre operar leyes naturales o humanas, con someterse a métodos. Son ajenos a la extensión, complejidad, sofisticación y refinamiento de las actividades.

La naturaleza, propósitos superiores y posibilidades de cada actividad lucrativa no subordinada, determinan los méritos que cada una debe a la sociedad, promete al cliente y los necesarios para su ejercicio. El asunto es amplio, pero no tan complicado, aunque el espacio solo permite destacar algunos detalles y diferencias de fondo y forma que no toman en cuenta.

Ninguno considera los efectos en la evolución social y los frutos sociales que cada actividad produce gracias a su diferente naturaleza. Escotoma que impide darse cuenta que los efectos sociales privan sobre los individuales ni del peso y valor de cada actividad en el desarrollo social. De la necesidad de cada una para la salud de la evolución social.

El ministro de la Suprema Corte de Justicia ignora o se rehúsa a ver, la culpa que tiene el gremio del derecho en la impunidad que impera en el país. Y la forma en que esa irresponsabilidad afecta a la cotidianidad y convivencia social. La manera en que el gremio del Derecho determina la seguridad en todo sentido: político, económico, salud, bienestar y prosperidad material de la población.

Y que la culpa de la deficiente aplicación del Derecho la comparten todos los que forman parte de esa comunidad, todo el gremio, en forma independiente del campo y nivel en que participen.

De coyotes, catedráticos, litigantes, ministerios públicos, jueces y ministros de la Suprema Corte de Justicia, todos son culpables. Por voltear a otro lado y acotar su responsabilidad en el 98 % de impunidad y desorden legal imperante, porque aun sin ser protagonista directo, son los únicos comprometidos con la materia y con saber lo que pasa con ella.

Ellos y solo ellos, son los que mejor conocen o deberían conocer mejor su propia disciplina y los intríngulis de su ejercicio y son los que podrían y deberían señalar y exhibir a los que se portan mal y aclarar la forma en que lo hacen, para depurar a su propio gremio para que ofrezca a la sociedad el mejor ejercicio del Derecho posible.

Lo que es lograr que al que se porte mal le vaya mal y al que se porte bien le vaya bien. Que es el objeto fundamental del Derecho.

Es inaudito tener que explicar la forma, magnitud y sentido en que cambiaría la convivencia social y el rumbo de la evolución del país, con la justicia.

Y no tienen pretexto, porque en la jurisprudencia cuentan con un mecanismo de ajuste y corrección de las normas. Y no lo han hecho y en vez de elaborar y aplicar leyes verdaderas, que en verdad orienten el rumbo del país a su propia superación, el ministro aplaude la ingenua vacilada de tratar de lograr con códigos de ética lo que no han podido o querido hacer con el derecho.

Es absurdo y ridículo que un ministro de la Suprema Corte de Justicia suscriba que la forma de corregir las conductas desviadas en las prácticas lucrativas sea con códigos de ética. Ya que de existir la justicia en el país, no existirían el 80 % de las conductas desviadas en las prácticas lucrativas, porque son delitos tipificados en el derecho público y privado.

La ética se circunscribe al ámbito personal. Depende de la educación y moral individual. Por lo que es incompetente para normar las conductas en una actividad con consecuencias colectivas, que afectan a un gremio o comunidad y mucho menos para las que afectan a toda la sociedad plural. Para eso existe el Derecho.

Que un ministro de la suprema corte de justicia ratifique que lo que no logran códigos de a de veras, como el penal, lo van a hacer códigos de juguete. Que es a lo que se reducen los códigos de ética en el estado de derecho que mantiene en el país el gremio del “derecho”. Los códigos de ética nunca han faltado en ningún colegio, lo que falta es que se aplique la ley.

Códigos de ética que además los diseñan los que se especializan en delinquir en nombre y representación de la actividad. Por los mismos que llaman ingeniería a lo que en verdad son robos, fraudes y estafas. Antisociales y antigremiales conductas desviadas que están reconocidas y tipificadas en el derecho.

Que no se cumple por culpa de los que llaman justicia a lo que en verdad es subastar la injusticia al mejor postor. Comportamientos que no manchar ni denigrar a la disciplina en sí, sino a ellos mismos, al gremio y al país. La ingeniería y el derecho están incólumes, inmaculados, sin mancha, porque no tienen nada que ver, no guardan ninguna relación ni tienen ninguna culpa con lo que en su nombre y representación se hace.

La “Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas” exhibe lo torcido de una ley propuesta por la mafia del colegio, por los “representantes oficiales” de la actividad, cuya utilidad práctica es lavar dinero, que solo sirve para que un servidor público pueda entregar recursos a un cómplice externo y en forma independiente de los resultados, nadie resulte responsable o culpable de nada.

Gracia a esa ley actualmente se desconoce lo que van a tardar las obras, lo que van a costar y lo que van a entregar las constructoras. Y que los presupuestos de obra pública no sean más que puro despilfarro, en porquerías innecesarias e inútiles, que son más problema que solución. Más perjuicio que beneficio. Lo que para ministro y senadores no afecta al desarrollo y prosperidad material de la sociedad, porque su visión de microscopio solo ve lo individual.

Los tres dejan ver que la iniciativa, solo distingue aspectos individuales, culpas y beneficios. Y además de rehuir la relación de las actividades lucrativas con la evolución de la sociedad plural, soslayan la responsabilidad colectiva del gremio en el nivel y calidad con que se ejerce la actividad.

Responsabilidad colectiva que reducen a la elaboración de un limitado código de “ética” y a una “certificación”, con lo que abonan al desorden y premian a las mafias que usufructúan a los “colegios” haciendo obligatoria la colegiación o mejor dicho el pago de cuotas.

Soslayan que los “colegios” actuales son parte incoativa y concomitante del desorden y perversión que priva en las prácticas lucrativas no subordinadas. Desbarajuste gremial que solo puede corregir la creación de un completo orden profesional nuevo en su orientación, principios, bases y todos sus órganos y funciones.

Una nueva, verdadera y auténtica Ley de Profesiones que comience por distinguir las diferentes naturalezas y tipos de las actividades lucrativas no subordinadas. Que primero delimite y caracterice al profesional, profesionista, técnico, artesano, artista, práctico, etc. Para después sobre esa base precisar sus propósitos superiores y objetivos mediatos e inmediatos, alcances y medios. De lo cual ya se pueden desprender los méritos que la práctica debe a la sociedad plural, al cliente y los necesarios para su ejercicio.

Sin ese fundamental marco de referencia, todo intento es absurdo y ridículo. El ministro y senadores aciertan en acreditar a los gremios la responsabilidad de la calidad de las prácticas. Pero no aclaran que es una responsabilidad colectiva y no individual. El libro “La anomia” documenta lo que es un gremio y lo que debe ser un colegio. Los objetivos que debe tener, los principios que debe cumplir y las bases en las que debe asentarse. La forma en que debe organizarse y operar. Incluye un breviario sobre actos previstos para la producción del derecho de la práctica. Normas verdaderas y no códigos de ética,

Una actividad culminante del Ingeniero Civil es el diseño de especificaciones: generales y particulares, de proyecto, taller y obra. Gracias a lo cual diseñar especificaciones de actos previstos no reviste ningún problema. El operar leyes de la Naturaleza es más extenso, complejo, sofisticado y refinado que operar leyes convencionales de hombres. Por lo visto los Senadores y el gremio del derecho carecen de alcances para normar otras prácticas. Para que la cuña apriete debe ser del mismo palo.

Es ingenuo creer que la solución para un problema tan serio como el desorden en las prácticas es “la colegiación y la certificación”. Exhibe el vicio de legislador de buscar panaceas, de creer que soluciones simples y sencillas pueden resolver problemas serios con torcidas raíces profundas y extensas. No sé, si por corrupción o ingenua irresponsabilidad. Por creer que la responsabilidad que no atienden ellos, por pura bondad la va a atender alguien más. Que además es parte esencial del problema. La responsabilidad no se delega, se comparte. 

Los colegios son protagonistas principales en la perversión de las prácticas lucrativas no subordinadas. No conozco a todos, pero si la historia del colegio de ingenieros. Que es un tentáculo del antiguo régimen político corporativista, que se niega a morir. Un “colegio” que nunca fue una organización puesta para cumplir los fines de la actividad, para conducir a la actividad hacia su propia superación ni para beneficiar a los agremiados, sino como sustento y complemento en calidad de adorno y justificación del régimen político.

Institución, actividades, agremiados y colegiación eran simulados. Cada evento político que involucraba a la actividad o para “elegir” a los jerarcas del colegio, las Secretarías del ramo mandaban camiones repletos de acarreados, con los que también llenaban las listas de asistencia a los eventos del colegio, la agremiación y votación.

También el pago de cuotas se cubría con cargo al presupuesto de las secretarías del ramo. Hasta que Zedillo, quizás como beneficio del “error de diciembre”, lo suspendió o prohibió.

Con lo que empezaron los problemas de los colegios. Que se conservan como membretes y centros de negocios chuecos, especializados en el chalaneo de los valores profesionales. Del colegio de ingenieros es fácil constatar el número de miembros del “cuadro de honor”, que son delincuentes reconocidos y certificados. Hazaña difícil de lograr en el desorden imperante.

Lo interesante es que el colegio, después de Zedillo, lejos de volverse un gremio auténtico, preocupado por prestigiar la práctica para ganar el aprecio de la sociedad plural y ofrecer a los agremiados orientación, servicios y respaldos necesarios para que cada quien supere y dignifique su práctica, en vez de lo cual, se volvió (o desenmascaró como) un centro de negocios cupulares y sindicato de mafias.

Porque sin el subsidio gubernamental disfrazado de cuotas gremiales y sin aportar nada positivo a la sociedad ni a la actividad, no pueden captar una verdadera agremiación, lo que los deja sin el dinero de las cuotas para pagar los gastos de mantener el cascarón, la estructura del membrete, la parte física de la simulación.

Por lo que a partir de esa fecha el colegio se oferta y “compra” el mejor postor. Alguna empresota de la mafia de la construcción, con el suficiente poder económico para asumir el costo de mantener el membrete como inversión para hacer negocios y recuperarla con creces.

Pero como todo negocio tiene formas de optimizarse. Y la manera de optimizar las utilidades de los usufructuarios del membrete gremial, es incrementar los ingresos aumentando el número de cuotas, lo fácil no es beneficiar a la sociedad o al gremio, sino haciendo obligatoria la colegiación y vendiendo “cursos” como requisitos para certificaciones, también obligatorias.

Lo que vienen a ser otros “impuestos”, otras sangrías sin aportación de beneficios reales, ni para la sociedad plural ni para las victimas cautivas. En otra versión de la nueva moda legislativa, de moderna “visión de negocios”, de “primer mundo”, que la tecnocracia del neoliberalismo está imponiendo.

Una aberración que evidencia este tipo de perversión gremial son los Directores Responsables de Obra (DRO). Fraude gracias al cual cualquier ignorante, incompetente e inepto, por muy precarios que sean sus conocimientos y formación, supera sus carencias y limitaciones haciéndose Director Responsable de Obra.

Sin importar que no sepa nada de ingeniería, con inscribirse en un curso para DRO y recitar como loro el reglamento de las construcciones, aunque no entienda lo que reza, lo “certifican como DRO”. Lo que reduce, vulgariza y acorrienta a memorizar un momificado reglamento, la noble práctica profesional que diseñó Napoleón Bonaparte para construir la revolución Francesa, para materializar el movimiento social que es una revolución. Algo que falta en nuestro país y que no puede ningún DRO.

Esta perversión de conductas y las del: gerente de proyecto, consultoría, supervisión, constructor, las documenta “La infracultura en la construcción”. El DRO aparece como parte de la consultoría. Y la historia de la Ingeniería Civil se encuentra en ¿A dónde vamos, México?

Los legisladores manifiestan incomprensión del problema y bajo nivel de miras. La senadora acredita todo el problema a mala fe y de solo una parte: “que algún profesionista o alguien que ejerza una actividad profesional le haya tomado el pelo, haya abusado”.

Y abunda: ”Pongámonos en el terreno de los hechos diarios y cotidianos, todos hemos tenido alguna mala experiencia; todos hemos sufrido de algunos cobros excesivos; todos hemos sufrido en temas en que quizás no son ciertas las consecuencias que nos ponen (...) y la persona (...) está metiendo dinero y dinero, y se pierden hasta los patrimonios”.

Reduce el problema de las prácticas lucrativas no subordinadas a no cumplir lo prometido. Para lo cual cualquier cobro es excesivo y está penado por la ley. El problema es mucho más grave y complicado que el de estafadores que embaucan con falsas expectativas.

Y empobrece su estrecha concepción, delineando una solución que ni siquiera abarca a todos los practicantes, sino solo a una parte de los mismos: “donde (...) está en juego la vida, la libertad de la persona, el patrimonio”. Expone hemianopsia en lo que no oculta su escotoma profundo, por lo que divide a una práctica en dos campos: en uno en que no importa lo que se haga y otro en que si, por poner en juego la vida, libertad o patrimonio.

Y corona los desatinos superándolos: “la solución es la colegiación y la certificación”. “Esto servirá para un control de la profesión (...) desde dos puntos de vista, un control ético”. Y continúa sin darse cuenta de lo que dice: “ya que tendrán su código de ética; y donde esté este código de ética, en la ley, se ponen mínimos que deben respetarse y también organismos disciplinarios para quien no cumplen con esto. Esto es la colegiación en sí”.

Lo complejo de su enredo obliga a desanudar primero los cordones de errores y después desenmarañar los errores de cada cordón. En otra comprobación que cualquiera se da cuenta cuando alguien está enfermo, como las prácticas profesionales. Pero no cualquiera diagnostica la enfermedad y menos receta la curación.

Una familia de errores reduce el problema a mala fe del practicante. El desorden en todas las prácticas lucrativas, subordinadas y no, nace en las primarias. El primer eslabón son los que pasan a la secundaria sin saber: leer, escribir, hacer cuentas, comunicarse ni ponerse de acuerdo. De responsabilidad ni hablar. Sin las herramientas mínimas necesarias para funcionar en la sociedad.

Lo que no aprenden en la primaria menos lo aprenden en la secundaria, donde a cambio de tenacidad, los vuelven a estafar con otro certificado igual de fraudulento que el de primaria.

Y así en cada subsiguiente nivel, lo único que cambia es que los alumnos tienen la calavera más calcificada y están más atrofiados. Así de primaria a profesional, se embauca a ellos y a la sociedad, con certificados que documentan más perseverancia que adquisición de capacidades y competencias. Más por tiempo parcial de reclusión que por superación. Lo que no es un fraude que cometan los alumnos, sino un fraude que el “sistema” le comete a toda la población, a los alumnos y a la sociedad que los padece.

Explicaciones hay muchas y ninguna válida. “Que todos tiene derecho”. Pero a que los artificialicen, a que los superen, a que los eduquen y formen, no a que los dejen silvestres y estafen con certificados fraudulentos. Haciéndoles creer que ya son, cuando ni siquiera parecen. Incumpliendo el derecho de todos a recibir verdaderas herramientas de superación, integración productiva y desenvolvimiento social. El derecho a ser dotado para que solo con esfuerzo, se pueda ocupar el lugar social, útil, valioso y digno, que cada quien quiera.

“Cobardía e ineptitud de las autoridades educativas y formativas”. Que es tal el número de ayunos que pasan de nivel a nivel, que los dejan pasar para eludir problemas. Un gobierno irresponsable traiciona la verdad y oculta consecuencias. “Ya tantos tienen primaria, tantos secundaria, tantos el nivel medio y tantos nivel profesional”.

Mentiras que no falsean lo real. Porque los “engañados” con un poco de cerebro y vergüenza o sin palancas, terminan manejando un taxi y destilando amargura sin atinar a quien dirigirla: “Soy licenciado en esto o aquello y por falta de trabajo vea donde ando”. Cuando el problema no es la “falta de trabajo”, sino la ineptitud e incompetencia del sistema que no capacita a la población ni para crear fuentes de trabajo y cadenas productivas.

Las capacidades que desarrollan de esta forma, solo sirven para ocupar una plaza en el sector público, donde impunemente pagan por tiempo parcial de reclusión. (Que casualidad). Y el que no encuentra asilo en una burocracia gubernamental, solo le queda el taxi o si es muy inconsciente ejercer, esperando aprender con la práctica.

Lo que no es posible y en vez de “aprender” se vuelvan cínicos honestos o expertos en corrupción. Que es el único camino exitoso para los estafados por el sistema. Lo que explica junto con la falta de gremios o colegios auténticos, el alto nivel de ineptitud y corrupción en las prácticas y gran parte del desorden social. Pero repito, el engaño mayor no lo cometen los que perdieron el tiempo y recibieron documentos balines, sino el que les hizo perder el tiempo y después los certifica en falso. El mayor Santo Domingo es el sistema.

Y más grave que la falta de herramientas para integrarse y funcionar en la sociedad, es la torcida relación causa-efecto que el procedimiento moldea en el cerebro de los “alumnos”. La certeza que no es necesario esforzarse y menos auto superarse para salir adelante, hacerse un lugar en la sociedad y progresar. Que no necesitan cumplir ni ser formales.

El siguiente desatino de la Senadora Arely Gómez González es creer que una parte de una práctica profesional importa y otra no. Que hay una en la que la ineptitud del practicante no tiene consecuencias, porque “no pone en juego vida, libertad ni patrimonio”. Lo que es una visión estrecha, corta y abatida, insuficiente para darse cuenta de los productos que los profesionales deben aportar a la convivencia y desenvolvimiento social.

Las prácticas profesionales son las que racionalizan la cotidianidad social. Sea en el terreno y el campo donde sea. Somos un país subdesarrollado por soslayar la inteligencia, predicibilidad y transparencia que debería existir en toda práctica lucrativa no subordinada. En toda actividad lucrativa debe haber un grupo de personas que cultive el conocimiento serio de la actividad y desarrollen facultades de raciocinio específicas para llevar la actividad a su propia superación. Para optimizarla, para ofrecer a la sociedad los mejores frutos posibles.

Lo que deriva en una sociedad en constante superación, gracias a que en todas las actividades lucrativas hay un gremio cuidando que a los practicantes que se portan bien les vaya bien y que a los practicantes que se portan mal les vaya mal. Que el camino del éxito en esa actividad sea el del buen comportamiento y que ese camino este abierto para todo el que quiera asumir el esfuerzo de superarse y que la forma de superarse sea accesible y clara.

O ¿creen los que se portan mal lo hacen por gusto? O por elegir la conducta exitosa. No digo que esté bien, pero es lo que pasa en un país donde al que se porta mal le va bien y al que se porta bien le va mal. La regla opuesta a la que debe imperar en toda actividad de todo tipo y nivel. Y conste que mientras más elevada es la actividad, mientras más visible es, se incrementa la responsabilidad de portarse bien. Para actuar como ejemplo, para mostrar el camino y guiar al resto del gremio y de la sociedad.

No solo los abogados, médicos, ingenieros y contadores afectan la vida, libertad o patrimonio de ellos mismos, clientes y sociedad. Todas las prácticas lucrativas afectan la vida, libertad y patrimonio de los que las ejercen, de sus clientes y de la convivencia de toda la sociedad. Por lo que todas deben ser guiadas y tuteladas por una parte de la práctica que cultive el conocimiento y raciocinio de la actividad y se ocupe de llevarla a su propia superación para ofrecer sus mejores posibilidades a la sociedad.

Y ninguna tiene campos de ejercicio inocuo, intrascendente o irrelevante. Hasta el licenciado taxista pone en peligro su vida, la de peatones, otros automovilistas y pasajeros. Ninguna práctica lucrativa, ni siquiera de nivel práctico, es ajena a la vida, libertad o patrimonio, propio y ajeno.

Hasta los fracasados que terminan de maestros o académicos de tiempo completo, por su ineptitud para desarrollar la actividad que dicen enseñar, desgracian la vida de sus alumnos frustrando su futuro, su libertad de ser lo que quieran o por terminar en la cárcel y por no poder construir su patrimonio en forma legítima, porque un inepto les transmitió su propia incapacidad, ineptitud e incompetencia.

Mi cruzada por una auténtica ley de profesiones inició en 1994, y Zedillo derivó mi petición a la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal, donde el Dr. Javier Laynes Potisek la canalizó a la Dirección de Profesiones de la SEP, donde la Lic. Diana Cecilia Ortega Amieva, aceptó que la Ley de Profesiones “ha quedado rebasada por la realidad” y prometió “hacer una propuesta”.

Después de 20 años de estudiar el problema e insistir que se resuelva y pitorrearse de mis peticiones, aparecen histriones actuando el choteado papel de “ahora si, ya vamos a resolver el problema”. Es decir prometer una cosa y hacer lo opuesto, con una solución que ostensiblemente no pasa de una improvisada fachada, un argüende imprevisto, una botarga impensada, sin contenido serio, formalidad ni profundidad, un simulacro sin respeto ni consideración para el propósito ni para la sociedad, sin escrúpulos.

Una simulación propia y esquematizante del subdesarrollo, que resulta no solo estéril sino perjudicial para la causa que enarbolan como bandera. 

*Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.