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Se desmoronan teatritos que desnudan delirante perversión política, administrativa y profesional

Escrito por Ángel Pujalte Piñeiro el . Publicado en Nuestros Columnistas

Por el ingeniero Ángel Pujalte Piñeiro

Primera de tres partes

El desmoronamiento de los teatritos de Oceanografía y Línea Dorada, saca a flote lo extraviado de los manejos arcanos que delincuencias organizadas depredadoras de recursos públicos encubren con burdas artimañas y acuerdos que rebasan a la cordura. Aflorando lo demencial de la corrupción.

Al mundo verdadero no lo engañan argumentos, ni convencen explicaciones, por plausibles que parezcan y persuadan a profanos. Es demencial querer embaucar al mundo real con actuación indecorosa y pervertida, tan corrompida e ineficaz, que resulta torpe, dispendiosa y desastrosa.

La degradación de la profesionalidad causa que las personas con inteligencia, conocimiento, capacidad y experiencia, con principios, consciencia, vergüenza y sin ambición desmedida, se alejen de la rebatinga y se mantengan fuera de los membretes y mafias, al margen de la administración pública y práctica profesional especializada en depredar recursos sociales.

Los deslindes en los escándalos demuestran un reparto y complicidades incompatibles con la estructura y comportamiento de una actividad decorosa. La forma en que cada quien busca su parte y el reparto de participaciones para diluir culpas y comprar complicidades, muestra el entramado y tejemaneje de perversas mafias dedicadas al saqueo encubierto con la manipulación de la opinión pública, que no tienen nada que ver con profesionales de la administración pública o de la Ingeniería Civil, ni siquiera con un mínimo contacto con la realidad.

La confusión entre ser y parecer, creer y saber, opinión y realidad, no es exclusiva de los tartufos involucrados, sino que opinadores, gratuitos o pagados, la retroalimentan reciclando inadmisibles pretextos y justificaciones acostumbradas por los estafadores sociales. Inconscientes que su ignorante histrionismo abona al desorden enturbiando más las aguas.

Como acreditar fracasos materiales a venganzas políticas o posturas circunscritas a estados de ánimo y opinión. Demostrando saturación y abuso del enfoque político, que los hace perder las diferencias de naturaleza y dimensión de las cosas.

Que es lo que hacen los que acreditan las fallas de la Línea 12 a anticipar la terminación de la obra, cuando estaba programada para meses antes de cuando se entregó. Obviando el inocultable desorden. Y que los problemas son de planteamiento, que los errores son de fondo y el tiempo solo tercia en cuestiones de grado o forma.

Otra obsesión acredita el asunto a venganza de Mancera a Ebrard, como Raimundo Riva Palacio el 19 de marzo en La Razón y Ricardo Alemán el 20 de marzo en El Universal. Quien las ratifica con supuestos serios y graves.

Como que Mancera colocó como director del Metro al Ing. Adolfo Joel Ortega Cuevas, con toda premeditación y alevosía, por ser víctima de Marcelo Ebrard, para que buscara venganza. Lo que es fantasioso, porque implica haber previsto las indefendibles e inocultables fallas del Metro.

Ricardo Alemán explica con otro exceso imaginativo la fecha en que “se dieron a conocer, magnificaron y toman medidas para corregirlas” las fallas, porque era el “el momento político” adecuado “para usarlas como misil contra Marcelo Ebrard”. Cuando lo probable es que Mancera desconociera al principio el tamaño y consecuencias del problema y que las constructoras manipularon la fecha del destape. Con un cálculo no político sino económico.

Desde antes que Mancera llegara al gobierno, las constructoras debieron minimizar los problemas y consecuencias. Como lo siguen haciendo.

El jueves 20 en el programa de radio de Una a tres, de Jacobo Zabludovsky, Bernardo Quintana hijo en persona perseveró en hacerlo y negó la necesidad de suspender el servicio, porque ellos podían reparar, sobre la marcha, las deficiencias del proyecto.

Recurrió a argumentos inconcebibles como que no creía que “nadie hubiera provocado las fallas adrede”.

Estupidez fruto de una pasmosa inopia de responsabilidad, seriedad, honestidad y vergüenza. O que las incompatibilidades se debían a “una serie de decisiones que es necesario asumir”. Disparate producto de creer en la impunidad de “las decisiones”. Lo que no merece comentario. O pretender tapar el problema con añoranzas de glorias pasadas.

Con recuerdos que lo único que dejaron claro es que la empresa ni las personas, son las mismas. Solo expuso extravío mental, una deformación en la concepción del mundo, causada quizás, por una vida de sobre protección, entre algodones y formación de sobre consentido. Que lo hizo incapaz de reconocer la dimensión del problema y sus consecuencias y que los errores y deficiencias en las obras las originan la falta de capacidad, atención y probidad profesional.

Y volviendo a lo que determino el destape de la cloaca. Los piratas de la construcción, igual que en la radio, debieron marear a Mancera con el cuento que podían corregir los problemas, que no se preocupara y que no pasaba nada, tranquilizándolo para ganar tiempo, en espera que se vencieran las garantías y creciera la dependencia al servicio.

Después del vencimiento de fianzas, garantías y un plazo prudente, entonces le dejaron caer la realidad a Mancera, presentándole un presupuesto de lo que ya les debía y de lo que le iban a costar los trabajos para simular que la nueva Línea opera en forma correcta y adecuada. Sobrecostos que no le han de haber caído muy bien ni dejado para ir a cenar un bísquet. Con todo y que le hacen descuento.

Claro que los obsesos de la intriga política, como Raimundo Riva Palacio y Ricardo Alemán, dirán que las fallas y sobrecostos de simular la correcta y adecuada operación, era un misil que Marcelo le mandó a Mancera para amarrarle las manos dejándolo sin recursos para competir por la Presidencia de la República.

Afán de declarar genialidad política a la incapacidad, ineptitud, incompetencia y corrupción de administradores públicos y mercenarios de la construcción. Con lo que desvían la atención de los problemas de fondo, que deben y pueden atenderse y corregirse. Como es la falta de probidad y nivel profesional en la administración pública e Ingeniería Civil.

Las tonterías también evitan darse cuenta que la inconsistencia del todo, hace intrascendentes las de las partes. Porque la necesaria introducción de coherencia al sistema obliga a desechar muchas de las partes. Y que lo peor para el país sería hacer trabajar con parches y remiendos a un frankenstein armado con componentes incompatibles. Con órganos podridos de multitud de cadáveres.

La incoherencia del todo es una dificultad que no se arregla con parches y remiendos. Sino desechando toda la incongruente revoltura y pensando todo el conjunto para que todas las partes correspondan y sean compatibles entre sí. Que es la labor profesional que desconocen los arribistas.

Escribí repensar, pero nunca lo hicieron y menos como un sistema. Todo lo que hicieron fue armar un alebrije improvisando sobre la marcha, poniéndole la cola al burro con lo que se encontraba disponible al paso y haciendo lo más fácil y conveniente para ellos. No para el país ni la sociedad plural.