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PELIGROSO GAS NATURAL: Ágel Pujalte Piñeiro*

Escrito por Ágel Pujalte Piñeiro* el . Publicado en Nuestros Columnistas

*Circula en el subsuelo del DF

En el 2002 o 2003, desde el Comité de Estudios del Colegio de Ingenieros Civiles, denuncié la bomba de tiempo que se estaba sembrando en la ciudad de México con la introducción a ciegas y a la brava, de la red subterránea de gas natural.

Es inocultable que una aportación de los imprudentes con que sorprendieron los nuevos gobiernos, es la creencia que las cosas se hacen a la brava, cerrando los ojos y aventándose “como el gorras” (a lo pendejo y sin calzones). Y de esa forma, se metió al subsuelo de la ciudad esa nueva instalación.

Lo cual además de la falta de respeto y consideración para la población, que es la forma “moderna” de trabajar del gobierno que se ha arraigado como norma, y que tiene varios problemas. Que nacen de y exponen la anarquía, irracionalidad e incompetencia que es el uso y costumbre gubernamental más arraigado y que tiene como única consecuencia posible, que en ninguna parte de la ciudad se sabe qué hay abajo del pavimento y las banquetas.

Es un gran enigma las instalaciones que existen bajo la superficie del terreno. Lo que es uno de los problemas que tiene que enfrentar la construcción de cualquier cosa y en especial el metro. Lo que obliga a trabajar como arqueólogo, escarbando con brocha para no romper nada, o cerrando los ojos para romper y después reparar, todas las instalaciones vigentes y necesarias que se van encontrando.

Y con esa ciega audacia se instaló la tubería de gas natural, pasando por encima de, quien sabe cuántas y a lo largo de que tanto, de líneas de alta tensión. Las que, gracias al “buen cuidado y mantenimiento” gubernamental, no es raro que exploten.

Lo preocupante es que una línea de alta tensión explote bajo una de gas natural con lo que detonaría una explosión e incendio de magnitud y consecuencias azarosas, propio de una ruleta rusa.

Hasta la fecha no ha sucedido, sino que en Monterrey una fuga de agua ocasionó que una línea de gas explotara y se incendiara. Lo que ni en mis más febriles delirios se me hubiera ocurrido que fuera posible. Pero los hechos hablan.

Y hacen ver que además de la posibilidad de que unas líneas de alta tensión explote, también tenemos como espadas de Damocles, los abundantes socavones causados por fugas de tuberías de agua potable y drenaje. Lo que son otras balas en el cilindro de la pistola con la que el gobierno pone a la población a jugar a la ruleta rusa.

Lo bueno es que las líneas de teléfonos no pueden hacer explotar una tubería de gas. Bueno, eso creo… O espero. El tiempo dirá.

*Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.