Imprimir

NIVEL MENTAL: Ángel Pujalte Piñeiro

Escrito por Ángel Pujalte Piñeiro el . Publicado en Nuestros Columnistas

*Ridícula simulación

Más rápido cae un hablador que un cojo y los que no tienen vergüenza ni dignidad hacen el ridículo al negar lo evidente y alegar tonterías que ni un niño cree.

Es absurdo pedir la desaparición de poderes, donde es público y notorio que el único poder que rige es el del más fuerte y la única ley que impera es la de la selva. Allí lo que se necesita es que aparezcan poderes que metan orden. Pero vamos a conceder que el sesgo de la petición se deba a una incongruencia denominativa del trámite.

Otra incoherencia y mucho más grave, es la respuesta. “Que no se pueden desaparecer los poderes porque es un trámite que implica a los tres poderes y dos están trabajando con normalidad”. Lo que exhibe bajo nivel mental.

Es estulto solo apuntar al gobernador, como para limitar, aislar y alejar la culpa, haciendo como que el gobernador es el único villano y a la vez rescatarlo argumentando que por imperfecciones de la ley, no pueden desaparecer en forma quirúrgica a un solo poder, porque la ley de pérdida de poder implica la pérdida de todos los “poderes”. No solo el ejecutivo, sino también el legislativo y el judicial.

Los argumentos en defensa de los otros son de antología: “El poder judicial está trabajando con normalidad y está cumpliendo sus funciones”; “los juzgados están abiertos y comedidos a atender los asuntos que les presentan”; y “el poder legislativo está sesionando con normalidad, como lo demuestran las actas de octubre y noviembre”; “no han cambiado de sede y trabajan como siempre”.

La evidencia es que en ambos depósitos de inútiles todos los empleados están cumpliendo su tiempo parcial de reclusión, checando sus tarjetas, cobrando sus cheques y despareciendo sus presupuestos. Y otra prueba es que en ambos “poderes”, están gastando papel y tinta. Lo que es lo normal en todos los poderes y la causa del desorden.

Es incongruente lo que significa la palabra normalidad para los “poderes” con lo que significa para la sociedad. Es clara la falta de relación entre la normalidad de los poderes con la de la sociedad. Mientras los burócratas cobren, no se preocupan de nada más. Ellos ya resolvieron su problema y que la sociedad se preocupe de los suyos. Ellos no pueden ocuparse de todo.

A ellos no les importa lo que le pasa a los de “fuera”, los que viven en el error de estar fuera del presupuesto. Pero la verdad es que el que no funcione uno de los poderes quiere decir que tampoco funcionan los otros. Porque lo de que son contrapesos entre sí, no quiere decir que entre ellos solo se pelean los recursos públicos y que fuera del reparto del botín no exista ninguna relación entre ellos o peor, que la relación sea de confianza, respaldo o sometimiento.

La responsabilidad nunca se delega sino que se comparte. Los tres “poderes” comparten culpas en cualquier desorden en la sociedad. La existencia de tantos delincuentes sueltos rigiéndose con la ley de la selva, dentro y fuera del gobierno, es culpa del poder judicial, que no ha impuesto el imperio de la ley ni ha hecho justicia.

Y el que los servidores públicos se dedican a lo que les da la gana mientras fingen demencia y de todo se laven las manos, es culpa del poder legislativo, que no ha formulado las leyes necesarias para meter en cintura a los “servidores públicos” para lograr que trabajen en favor de la sociedad.

La división de poderes no es un pacto de no agresión para que cada quien usufructúe como su negocios particular los instrumentos que la sociedad les confía, de complicidad disfrazada de “respeto” mutuo o peor aún, de subordinación a un patrón que no es la sociedad.

No consignan al gobernador por la defensa de sus cómplices, a los que también se debería consignar, tampoco al presidente municipal porque no lo encuentran, y quien exoneró a los cínicos municipales o síndicos encargados de vigilar y defender los intereses municipales, quizá porque alegan que no sabían nada ni se enteraron de nada o que son otras víctimas o tampoco los encuentran.

https://angelpujaltepineiro.wordpress.com/, autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.