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METICHES: Ángel Pujalte Piñeiro

Escrito por Ángel Pujalte Piñeiro el . Publicado en Nuestros Columnistas

*Tiempos de burros sabios

Los burros sabios desorientan y coartan el debate público. Los histriones que hablan de todo a la ligera, los que simplifican el análisis con generalizaciones, los que no salen de los lugares comunes, los que con desplante autoritario y actitud dogmática sentencian clichés concluyentes y los que creen que saber de una cosa los autoriza a hablar de otra, todos los metiches que con habladas sobre asuntos que desconocen asfixian y extravían el debate público.

Los “expertos” que sin saber nada se dan taco con la indefinida denominación y los especialistas que creen que saber de algo los autoriza a hablar de todo. Toda especialización deforma la estructura conceptual organizacional del mundo (ECOM). Porque concentrar la atención implica relegar el panorama, lo que produce estructuras mentales ceñidas a espacios de conocimiento mermados.

Toda especialización reduce el campo del conocimiento. Profundizar cuesta abandonar el conocimiento de las relaciones de lo que se ahonda con lo que se relaciona en forma directa, con las otras partes que integran el organismo del que forma parte y con las relaciones directas e indirectas que mantiene el organismo del que forma parte.

Y más allá de las relaciones cercanas están las remotas en el ambiente en que opera el organismo del que forma parte y las relaciones entre el ambiente con el resto del mundo.

Un ejemplo de especialista extraviado son los “investigadores científicos” de los institutos de ingeniería, que afortunadamente ya no opinan de proyectos de ingeniería ni de obras. Se hicieron ojo de hormiga en la L-12 y el proyecto del nuevo aeropuerto. Como que ya algo aprendieron.

Solo falta que devuelvan las cátedras que escamotearon a los verdaderos profesionales de la ingeniería, para que la UNAM pueda volver a formar los profesionales que requiere el país para salir del subdesarrollo.

Otro tipo de especialista sesgador son como José Ramón Cossio, que el 28 de octubre en El Universal, proclamó como un gran descubrimiento, que una cosa es la corrupción y otra la incompetencia. Lo que es una distinción cierta de toda certeza, pero que es una distinción bizantina que no aporta nada a la solución del problema y solo distrae.

De nada sirve distinguir las diferencias entre los síntomas de la misma enfermedad. Porque tanto la corrupción como la incompetencia son indicios del mismo problema y las resuelve la misma solución. Ambas al igual que la impunidad son consecuencias de que los méritos requeridos para asumir un cargo determinante en el servicio público no sean honestidad ni capacidad para que el desempeño del cargo sirva a la sociedad, sino a los caprichos de un autócrata.

Otros desviadores son como Ana María Salazar que creen que estudiar derecho gringo y una carrera trunca en el extranjero, autoriza a hablar de lo que acontece en el país. Se ostenta como experta en seguridad y en El Primer Café” en el canal 40, no aporta nada relevante a los problemas de seguridad y hace el ridículo cada vez que abre la boca. Al grado que a cada rato Raymundo Rivapalacio la tiene que corregir al aire.

Otro vector desviador es la pretensión de los políticos de calmar con declaraciones que no van al grano de los problemas, con lo que prueban que su reino no es del mundo en el que vive la sociedad.

Se han especializado en pactos, arreglos y acuerdos que solo benefician a ellos mismos o a su grupo y en declaraciones que buscan efectos en la opinión pública y que son impotentes en el mundo real.

El presidente Enrique Peña Nieto convoca a un pacto por la seguridad. ¿De qué puede servir un acuerdo entre los que no cumplen el juramento de cumplir y hacer cumplir la Ley?  Otra cosa sería si se tratara de desmantelar la discrecionalidad en el servicio público. Lo que podría comenzar por la promulgación de una verdadera Ley de la Planeación Física del Territorio.

Para que el estudio de los proyectos y el análisis de las obras necesarias se efectúen por profesionales y el propósito que prive sea que los recursos que se destinen a la obra pública retribuyan a la sociedad propiciando su bienestar y prosperidad material. En vez que se decidan por motivos políticos y resulten despilfarros que en vez de beneficiar perjudican a la sociedad.

Pero para ello necesitamos que los políticos se den cuenta que la capacidad que tenía la forma tradicional de hacer las cosas ha sido rebasada por la realidad. La habilidad para sortear y ocultar los problemas con la que contaba la forma tradicional de nuestra política ha dejado crecer los problemas en número y dimensión a un grado que ya no puede esconder ni resolver. Ya no se puede cambiar para seguir igual.

Es necesario un cambio en el orden social que propicie el desarrollo de la clase trabajadora. Uno que favorezca el progreso de las actividades lucrativas de la clase media. De todos los que no son ni obreros ni campesinos. De los que son el verdadero núcleo de la sociedad, del que surgen los individuos no subordinados que con su inteligencia y trabajo crean riqueza, los prestadores de servicios profesionales y los empresarios creadores de empleos.

Todos los que hasta ahora la revolución obrera y campesina ha menospreciado y desatendido. Sin darse cuenta que ello le ha impedido un desarrollo equilibrado y crear un mercado, la riqueza y el ahorro interno, que libere al país de la dependencia a los avatares extranjeros. 

Lo inédito de la situación impone abrir nuevas rutas por rumbos nuevos, lo que hace necesario innovar la visión, las creencias, los usos y costumbres. Para lo cual falta la luz que ilumine el nuevo camino que saque al país del atolladero en que se encuentra.

Pero en vez de pensadores serios vemos el florecimiento de burros sabios con su consecuente derrama de economía conceptual, reiteración de clichés, lugares comunes y argumentos de autoridad, evidenciando la carencia de verdaderos pensadores. Pensar se distingue porque es indefinible y solo reconocible por sus efectos, que es encontrar la luz por caminos nuevos.

Los burros sabios siempre siguen los mismos caminos para errar de la misma manera, apagan la originalidad con erudición rebuscada. Pierden de vista la singularidad de los problemas por centrar la atención en soluciones agotadas que comentan y discuten sin término.

Su cerrazón torna las discusiones agresivas y en las que solo alcanzan nimiedades, logrando hacer alambicada e insustancial la dialéctica que debería beneficiarse de las polémicas. 

Análisis de José Ramón Cossío D. sobre “Corrupción e incompetencia”.

http://www.eluniversalmas.com.mx/editoriales/2014/10/73043.php

https://angelpujaltepineiro.wordpress.com/ , Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.