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PERVERSIDAD SOCIAL: Ángel Pujalte Piñeiro

Escrito por Ángel Pujalte Piñeiro el . Publicado en Nuestros Columnistas

*Fraude de quién y a quién

Según Joel Ortega Cuevas, Director del Sistema de Transporte Colectivo Metro, hablar con sinceridad de la Línea 12 es reconocer que: “la Línea 12 es un fraude, un fraude a la ingeniería mexicana”. Porque “está pésimamente hecha”.

La “franqueza” de Ortega Cuevas es una artera mezcla de verdades con mentiras. Es cierto que la Línea 12 es un fraude y está pésimamente hecha en todo sentido, tanto en lo moral como en lo conceptual y material.

Está infamemente proyectada, diseñada, planeada y construida. Pero sobre todo es un artificioso atentado de una inepta y burda gavilla de facinerosos al erario, la inteligencia de la ciudadanía y el mundo. Una vergüenza histórica.

El único fraude es la inteligencia, capacidad, aptitud, competencia, principios y valores de los participantes que se ostentaron como profesionales de la ingeniería, de la administración pública o de la política y están muy lejos de serlo.

Es falso que el fraude sea a la ingeniería mexicana, porque lo ignominiosamente que esta pensada y ejecutada la Línea 12 demuestra una total ausencia de inteligencia, conocimiento, capacidad y disciplina que componen a una práctica profesional seria, como la ingeniería. Por lo que esa noble y efectiva profesión al haber estado totalmente fuera, alejada y ajena a la Línea 12 permanece incólume e inmaculada. Igual de excluida que los principios, valores, ética o un mínimo de decencia. La calumnia y descrédito no alcanza a los que al no haber participado, al no haber sido requeridos, son totalmente inocentes y ajenos.

Tampoco es posible estafar a una profesión, a la inteligencia ni a la moral, lo que si es viable, probable y demasiado frecuente, es que una mafia formada por servidores públicos y delincuentes de cuello blanco, se ostenten como lo que no son para expoliar a la sociedad y después traten de culpar a lo que no son y desconocen, al disfraz.

Al otro día el Jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera rechazó la declaración de Joel Ortega alegando que: “Yo no creo que sea un fracaso para la ingeniería de México”. Cree que la ausente ingeniería requiere que la defienda. Pero agranda su incoherencia con la justificación: “Nosotros estamos en una línea en donde vamos a buscar ya la apertura en noviembre y obviamente, bueno, pues esta Línea tiene que funcionar para la Ciudad”.

Demostrando que en vez de pensar, se sitúa en una ubicación que denomina “línea”, en la “que está”. Lo que no tiene nada que ver con la lógica o pensar, sino quizá con obedecer, alinearse o someterse a un mandato o instrucción superior que en política se denomina “Línea”. Y la “Línea” parece ser distraer y no llamar la atención en espera que todo se olvide. Echar tierra al asunto y propiciar el borrón y cuenta nueva. Porque aunque la reabran y aceptando sin conceder que funcione, eso no quiere decir que no hubo muchas conductas desviadas y mala fe que debe ser castigada. Y a la fecha a nadie se le han fincado culpabilidades (son irresponsables), y lo pretenden minimizar y distraer aseverando que no se saqueó a la sociedad sino a un ente metafísico. 

Al Director del Metro y al Jefe de Gobierno del Distrito Federal les falta valor civil, conciencia o principios para reconocer que es un latrocinio que salió mal. Uno tradicional, de los acostumbrados por servidores públicos en complicidad con delincuentes de la construcción. Que sale de lo normal por desaseado, monto y resultados. Un ambicioso saqueo en el que ninguno de los involucrados hizo bien su parte y cometieron demasiados errores elementales, como: llamar la atención y dejar a la vista descomunales evidencias imposibles de esconder ni justificar.

El Cártel de depredadores sociales se armó con puros ineptos, charlatanes y embusteros ignorantes que hasta para delincuente, de cualquier calaña, se necesita un mínimo de inteligencia y conocimiento. Y que conforme aumenta la ralea se requieren mayores facultades. No todo puede ser pose, desplante, simulación y complicidad.

Tanto los mafiosos de adentro como los de fuera regaron el tepache. Los servidores públicos cumplieron en pasarse la normatividad por el arco del triunfo (ilegalidad), abrir las arcas públicas de par en par (corrupción) y cubrir la huida (impunidad), pero escogieron malos cómplices y extralimitaron su intromisión en el proyecto.

Los delincuentes de la construcción no asesoraron a los cómplices internos, sobre los riesgos y consecuencias que un lego tome decisiones que no le competen y en vez de eso, capitalizaron la ingenuidad de los “servidores públicos” para abusar de la improvisación en la concepción, diseño y planeación del proyecto y abaratar la obra a costa de la calidad y construir a la trompa talega.

Los “servidores públicos” escogieron malos cómplices para un juego que ya esta muy degradado. Los timadores “oficiales” de la sociedad no distinguen a un impostor de un auténtico profesional y solo se fijaron en el botín y no se preocuparon por equilibrar los compromisos ni prever que no complicaran la huida. Un delincuente de nivel antes de la entrada planea la fuga.

Los mafiosos de la construcción solo se consagraron a maximizar el botín y cumplirle sus caprichos a la “autoridad”, como sangrar la obra, apurar la entrega o permitir que a medio brinco haga cambios incongruentes al proyecto, sin preocuparles lo que entregaban ni los muy previsibles resultados, total que a eso redujeron sus compromisos confiados que a los “servidores públicos” les corresponde dar la cara y cubrir la huida.

No hubo inteligencia, porque de haberla habido en vez de creer que en la necesaria reparación de sus porquerías se auto sembraban chamba a futuro, sin prever el escándalo, no hubo ingeniería, porque de haberla habido en vez de improvisar el proyecto hubieran proyectado, diseñado, planeado y construido algo que le diera lucimiento a los políticos y no hubieran permitido intromisiones de legos.

Hubieran hecho bien las cosas. Solo hay una manera de hacer las cosas y es bien hechas, cualquier otra forma es despilfarro de tiempo, esfuerzo y recursos. Y por todo lo que había en juego y los recursos y apoyo de que dispusieron, no hay justificación para hacer las porquerías que hicieron. ¿Porque ahorrar en capacidad y conocimiento? El profesional es el que representa la verdad del mundo real no el que dócilmente intenta materializar caprichos y delirios de legos.

El auténtico ingeniero es el que conoce los límites de lo posible, el rango de lo conveniente y la solución optima. El charlatán engaña y adula a mareados de poder con el cuento que materializa cualquier ocurrencia o capricho que se le antoje, sin importar que sea incompatible con el mundo real, antieconómico, inconveniente o perjudicial para el cliente final, que es la sociedad plural. Que el “buen“ ingeniero, es el que construye los aviones que se le ocurren a un ignorante con chequera. 

En otro tiempo la cosa no era tan descarada, torpe ni insensata, se medio cuidaba el fondo y la forma. Había la intención de construir cosas útiles para la sociedad y hacerlas bien. Existía corrupción pero acotada. El servidor público cobraba una mordida del 5 % del monto total de la obra, sobre la idea que era “socio” de la empresa y se llevaba la mitad de las utilidades aceptadas, que eran del 10 % del presupuesto.

De un presupuesto ajustado en el que la “mordida” no incluía inflar conceptos y costos, ya que también era compromiso del constructor construir al menor costo posible. Y tampoco se permitía la mala calidad ni mala hechura. La “mordida” no inflaba los costos ni eximía del control de calidad y competitividad de resultados. No defiendo ningún grado ni nivel de corrupción, simplemente consigno de dónde venimos, donde estamos y hacia donde nos lleva la evolución.

Pero los farsantes de la profesión no estafaron a los embaucadores “oficiales” de la sociedad con plena consciencia del brete en que ponían a todos. Quizá perdieron piso porque la L-12 está mucho más simulada que las obras que los cómplices de adentro pagan sin que se construyan. Y no se puede pedir a un embustero lo que no se puede simular, como la capacidad y competencia, por lo que los resultados no podían ser otros.

Un profesional apto, capaz, competente y con toda la barba, no tiene necesidad de corromperse, amafiarse ni comprometerse con otra cosa que no sean los resultados y los de la L-12 demuestran que de todos los involucrados no se hace uno, que tanto las habilidades y competencias de los cómplices internos como las de los externos no sirven para interactuar con el mundo real ni para nada de lo que fingen hacer. Son de un reino que no es del mundo verdadero ni sus compromisos son con la sociedad, sino oriundos del mundo de simulación, engaño, acuerdos oscuros, complicidades y manipulación de la opinión pública.

Se perora mucho de legalidad, corrupción e impunidad, se reconocen como lacras de la administración pública y óbices del desarrollo social, pero más allá de ruido, es notable que no prospera nada que las corrija. En el caso que nos ocupa, contra viento y marea los “servidores públicos” o cómplices internos se baten como cínicas fieras para cumplir como “machitos”, el último compromiso que después de la ilegalidad y la corrupción, queda pendiente con la mafia y que es la impunidad.

Con desvergüenza ponen su mejor cara dura e inventan todo tipo de sandeces distractoras en espera que el escándalo amaine y todo se olvide sin que se le finquen culpabilidades legales a nadie y que a fuerza de insistir en menospreciar y presentar el robo en despoblado y fraude a la sociedad, como algo normal, natural, fortuito, inevitable, una nimiedad en la que no existen culpables, la mentira se vuelva verdad.

El enemigo es la terca realidad, los impedimentos físicos para hacer, aunque sea parecer, funcional algo que es totalmente disfuncional y de hacerlo con un presupuesto que lo limita por un lado evitar exhibir la dimensión del aquelarre y por otro no distraer recursos que ya están contabilizados en la cartera o para compra de voluntades.

Pobrecito de Joel Ortega Cuevas que por no estudiar y tener mala suerte ahora tiene que corregir algo que esta mal hecho, lo que es mucho más difícil que hacerlo bien desde el principio y encima tener que hacer con poquito lo que no pudieron o quisieron hacer con mucho.

A lo anterior hay que agregarle que debe mantener funcionando el resto del sistema, que después de más de treinta años sin un mantenimiento serio, profesional, ya se está cayendo en pedazos. Y todo lo cual clama por más dinero.

Y encima resulta que esta rebasada la capacidad de todo el STC Metro, lo que ralentiza la movilidad, productividad y abate la calidad de vida de la población. Problema cuya solución de visión estrecha y corta es construir más líneas del Metro. Todos los problemas del Metro y de todo tipo, los políticos solo saben resolverlos con dinero y más dinero. Una definición de ingeniero es que es el que hace con un peso lo que cualquier tonto hace con dos.

Pero Joel Ortega Cuevas afirma que no es un político, que solo le sabe “un poquito a la política”. Que a él “lo invitaron a empujar fierros” y esta “haciendo una cosa técnica”. Pero la agrupación política Ciudadanía y Democracia, de la que es fundador y presidente, lo presenta como político profesional y enlista cargos que “no son políticos” como: tres gestiones consecutivas como titular de la Secretaría de Seguridad Pública del D.F., AMLO, Encinas y Ebrard, asesor de AMLO, Jefe Delegacional en Gustavo A. Madero y Coordinador de campaña de Miguel Ángel Mancera.

Pero según él no es político, solo le sabe “un poquito a la política”, pero si no es político y solo le sabe “un poquito a la política”, entonces ¿que es, que es lo que sabe y que hace? Porque está claro que de ingeniería sabe menos y no se baja del candelero de la política y cuando se cae se vuelve a subir. Al respecto el 25 de junio de 2008 en “La Crónica”, Leopoldo Mendivil publicó la “Carta de al todavía secretario de seguridad pública del D.F, La inexplicable fortuna de Joel Ortega Cuevas”.

En la que le imputa que inició su fortuna personal desde que ocupó un cargo en la Secretaría de Transportes con la venta de licencias y placas a taxistas, “demostrando una gran capacidad de trinquetero y corrupto”. Afirma que: “Ahí están las denuncias y no se ha podido hacer nada”. Y los: “malos manejos en la delegación Gustavo A Madero, bajo su cargo”. Que: “En el cargo de jefe delegacional sobran pruebas de su gran capacidad como deshonesto” (SIC).

Y después hace una larga relación con pelos y señas de negocios chuecos, propiedades inexplicables y desviación de recursos públicos que le acredita y concluye: “De todo lo anterior es obvio que, existiendo elementos probatorios, las benditas sábanas de la impunidad le han cubierto”. Más adelante a “las corruptelas como identidad” le agrega “la manifiesta incapacidad administrativa y de gobierno” Y más adelante “ya la población los mira como parte de una realidad totalmente diferente que les permite confirmar sus percepciones en cuanto a su procedencia del fondo de lo más oscuro y torvo del sistema político”. Y remata:”Todo encaja, incluidos sus antecedentes personales”.

Lo que confirma que el Jefe del STC Metro no es un profesional de la ingeniería ni de la política y que la “cosa técnica que esta haciendo” no tiene nada que ver con la ingeniería ni la política profesional, sino con el trinquete, corrupción, malos manejos, capacidad como deshonesto, negocios chuecos, propiedades inexplicables, desviación de recursos públicos, tendido de las benditas sábanas de la impunidad, las corruptelas como identidad, manifiesta incapacidad administrativa y de gobierno. Y al verlo así, como dice Mendivil:”Todo encaja, incluidos sus antecedentes personales”.

Ortega podrá estar titulado, pero de ingeniero no muestra nada. Porque lo primero que revisa un profesional es la consistencia del sistema. Presume de ingeniero electricista pero no sabe balancear cargas ni aparejar equipos. Cuando se enteró que todo “estaba hecho para el tren de Norinco, no para el de CAF”.

Es decir, que el tren no correspondía con lo construido, situación en la que lo procedente es cambiar los trenes por los que corresponden a lo construido o desmantelar y reconstruir todo lo necesario para que corresponda al tren. Pero contrario a toda lógica y principios lo que hacen es tratar de hacer que en base a puros remiendos adecuar lo inadecuado. Lo que no es profesional, ni inteligente y mucho menos ético. Porque nunca van a lograr que funcionen en forma eficiente: de modo eficaz, seguro y al menor costo posible.

Lo que nos lleva a darnos cuenta que, además de la falta de inteligencia, por encima del objetivo de hacer que la Línea funcione de la mejor manera, esta el de no hacer ruido (impunidad) y gastar lo menos posible. Lo que contradice la idea que quieren perjudicar a Marcelo Ebrard. Ya que al parecer es el lego que ebrio de poder y prepotencia se aventó la puntada de cambiar a última hora el tren por otro incompatible con lo que ya estaba hecho. La que se puede considerar la estupidez mayor, pero no la única.

Otro detalle que exhibe la falta de idea de Ortega es que el argumento para afirmar que “El sistema de vías no corresponde con el trazo, no soporta los esfuerzos que produce el tren en las curvas de radio reducido”. Y el argumento esclarecedor es: “La norma internacional dice que un radio reducido es de 250 a (2)40 metros y nosotros tenemos 11 curvas por debajo de 250 metros”.

Con lo que expone su absoluto desconocimiento sobre ingeniería y el mundo. Lo que determina el radio de giro así como las especificaciones geométricas y mecánicas de los rieles, durmientes, capacidad necesaria de sustentación del balasto y terracerías bajo el balasto, son las necesarias para el tren que va a circular por la vía. Y cada fabricante proyecta, diseña y construye sus vehículos en función de sus propios desarrollos tecnológicos, proyecciones de mercado, criterios e ideas.

Y tanto las características y especificaciones de la carga como de la vía deben corresponder precisa y exactamente con las características y especificaciones del vehiculo. Igual que no existe una norma internacional sobre el radio de giro que debe tener un carro, por lo que no tienen el mismo radio de giro los diferentes modelos de coches de una misma marca, mucho menos los de una marca con los de otra. Porque depende de las características (peso, largo, ancho, altura, suspensión...) de cada vehiculo. En la compra de un vehiculo el fabricante entrega las especificaciones y cualquiera puede solicitarlas y revisarlas antes de comprar. Muchas concesionarias las ponen a la vista.

 Al estar cada tren diseñado por diferente cerebro para cubrir diferentes necesidades, lo que hace que tengan diferente largo, ancho, peso y que con eso cambien todas las características de la vía. Pero además de la común creencia en panaceas, reglas y soluciones universales de los ajenos a la práctica de la ingeniería, la pifia deja ver otra barrabasada que se cometió en el aquelarre de la L-12. Que aunque Marcelo Ebrard Casaubon no hubiera cambiado a última hora el tren, de todas formas esas 11 curvas tampoco cumplen las especificaciones del tren original.

Al parecer el radio de giro especifico para el tren que metieron anda por los 450 m. (fue una cifra que se manejó al principio y lo aclaran las especificaciones del constructor de ese tren), pero también parece que el radio de giro del tren original en base al que se proyectó la obra es mayor a los 250 m. Lo que ya no es un error acreditable a intromisiones e imposiciones de legos sino al “equipo” y dinámica de trabajo.

Lo interesante de esta falla es averiguar si es un error de origen. Si es un anómalo trazo que se cometió desde el proyecto original, lo que demostraría que en vez de ingenieros contrataron dibujantes, que en el papel delinean cosas que se ven bien, pero que no funcionan o lo hacen mal en el mundo real, que son impracticables o disfuncionales. Como muchas partes de los segundos niveles.

Pero en cualquier caso es consecuencia de privilegiar otros intereses por sobre los de la sociedad, lo que los hizo cambiar el proyecto e improvisar la obra sobre la marcha. Recuerden que el trazo final no es el original. Que en el proyecto original la mayoría del recorrido era subterráneo. Ya a media obra cambiaron la mitad del proyecto de subterráneo a superficial. Las razones más obvias son para abaratar y facilitar la obra, quizás para poder robar más y terminar antes.

Es muchísimo más barato poner un tren sobre el terreno, ya que se ahorra excavar y revestir el túnel y estaciones. Falta ver el radio de giro de las curvas en el proyecto original, para ver si lo hizo un profesional o un diletante. Pero no importa lo no hecho. Lo importante es aclarar la o las personas que ordenaron y asumieron las responsabilidades de los cambios y los motivos de cada uno. Dudo mucho que estén autorizados, documentados y firmados por un proyectista profesional serio ferrocarrilero. La evidencia apunta a que ignorantes de ferrocarriles trazaron la ruta siguiendo el camino más barato, rápido y fácil.

Demostrando que la ignorancia más grande es la de la propia ignorancia y entre ellas la de los propios alcances. Pero la ignorancia no exime a nadie de cumplir la ley ni exonera de asumir responsabilidades y las responsabilidades no se delegan, sino que se comparten. Por lo que al pasar de mano en mano se han ido incrementando y agregando culpables. La primera mano fue la de los que cometieron los delitos y ahora está en las de los que deben cumplir la ley y evitar la impunidad. Lo que a la fecha no ha sucedido.

El cambio del proyecto de túnel subterráneo a tren superficial también cambio los problemas que debían resolverse. Es necesario conocer las razones que determinaron el nuevo trazo en la superficie.  

Joel Ortega aseveró que la falta de losa de concreto en el túnel, donde se hunde la vía, que: “fue un acto consentido. Vamos a dar la documentación para que puedas ver donde el Proyecto Metro para el Distrito Federal (PMDF) autorizó que se hiciera ese túnel sin un piso de concreto”. Y remató: “además ni siquiera advirtieron que estaba hecho para el tren Norinco, no para el CAF”.

Revelación de Joel Ortega que deja ver mucho y debe desmenuzarse por partes. Lo más grave es que exhibe la ignorancia e ineptitud de una bola de burócratas que los hace autorizar cambios en el proyecto. La peor ignorancia es la de los propios alcances. Y aquí alguien o algunos confundieron la capacidad para obtener un nombramiento, lo que es manipular la opinión ajena, con corrupción, confianza o engaño, con la capacidad para manipular la Naturaleza.

Y en ningún caso un nombramiento burocrático capacita para manipular la Naturaleza ni compromete a ello. Pero el mareo que la altura de los cargos le produce a los enanos mentales es que crean que pueden autorizar cualquier cosa y mandar a la Naturaleza. La principal precaución que observa cualquier proyectista serio y responsable, es que siempre cuida tener a quien echarle la culpa.

Un profesional auténtico se reconoce porque cuando le preguntan la razón de una determinación, cambio o autorización a un proyecto, presenta los planteamientos y ecuaciones de autor reconocido que aplico, los valores que uso y la fuente de donde los obtuvo, los criterios y reglamentos que empleó y las operaciones matemáticas que hizo, por lo que si se construyó lo que proyecto como lo proyecto y los resultados no son los esperados, entonces lo que esta mal es el “estado del arte” o el conocimiento aceptado por la ingeniería.

 Pero queda claro que Joel Ortega no sabe de ingeniería y es un burócrata que ignora cómo proceder correctamente o solapa a congéneres que se tomaron atribuciones que no les correspondían y para las que no estaban preparados. Por lo que en vez de asumir que las “autorizaciones” de los cómplices “de adentro”, los burócratas del PMDF, son salvoconductos que esfuman toda responsabilidad, lo que procede es exigirle al o a los que determinaron o autorizaron cualquier cosa, que comprueben que cuentan con facultades legales y profesionales para actuar a capricho o que presenten la memoria de cálculo en la que consten las consideraciones que hicieron, las ecuaciones que aplicaron, la fuente y los datos que usaron, los criterios que aplicaron, las operaciones que hicieron y los resultados que obtuvieron. 

Y no presentar un respaldo y justificación racional, legal y profesional para cada determinación, cambio o modificación, es una aceptación de facto que los hicieron por sus “pistolas” o por instrucciones superiores, en cuyo caso existen culpabilidades legales que deben fincarse; administrativas, civiles, penales y profesionales. No digo fincar responsabilidades sino culpabilidades, porque no se pueden fincar responsabilidades a irresponsables. Y los que no lo hagan así, no cumplen su obligación legal y compromiso social y se hacen cómplices de todos los delitos.

El libro “La infracultura en la construcción” consigna que la barrabasada de orillar a los representantes del cliente a tomar atribuciones que no les compete y para las que no están preparados, es una rancia maña de los delincuentes de la construcción para comprometerlos en los resultados. Trampa en la que mientras más brutos sean, caen con mayor facilidad. Pero el que un ignorante e incompetente autorice lo que no le compete, no exime de responsabilidades a los delincuentes de la construcción que lo engatusaron. A los que también se les puede y debe fincar culpabilidades legales; administrativas, civiles y penales.

Dicho lo cual retomo un detalle no advertido en los movimientos de la vía dentro del túnel. Los que acreditan a la falta de una losa de concreto que los legos llaman piso. Pues anticipa un problema que ya advertimos desde hace más de un año en algunos de los doce artículos que hemos publicado en este mismo medio: Grilla en el Poder.

Hasta ahora solo se han limitado a parchar los problemas que han aparecido y no han podido esconder. Como los causados por esfuerzos laterales a los que somete a las vías la incompatibilidad entre la geometría y dimensiones de: las ruedas, del tren de rodadura o bogie y de la distancia entre los trenes de rodadura o bogies con la geometría y dimensiones de las vías. Pero han desdeñado otras consecuencias negativas previsibles por el cambio de vehículo y de los que los hundimientos de las vías en el túnel son primeras advertencias.

Al cambiar el vehículo no solo cambiaron la geometría y dimensiones que correspondía con las vías que instalaron, sino que también cambiaron el peso de los vehículos y de los trenes. La capacidad de carga para la que se diseño (aceptando sin conceder) la sustentación del balasto y de la terracería que sustenta al balasto la va a rebasar el mayor peso de los trenes. Entenderlo no tiene dificultad lógica ni mayor ciencia.

Claro que la sustentación de las vías en el túnel tienen a favor el confinamiento del recubrimiento del túnel y en contra los por lo menos tres manantiales que por la mala o nula impermeabilización brotan al interior del túnel. Los hundimientos o fallas de sustentación no han aparecido en el tramo superficial porque la vía no está en uso. Pero solo es cuestión de tiempo que aparezca una vez que la vía este en uso. Y también para que eventualmente fallen las losas de concreto dentro del túnel.

Lo que predice que no van a poder arreglar, disimular ni esconder el enorme racimo de fallas de la L-12, que no acaben de tapar una cuando aparezca otra de diferente gravedad y dificultad para parchar. Unas cuyo remiendo se pueda hacer fuera de servicio y otras que una y otra vez, obliguen a suspender el servicio.

En el ambiente de la construcción la dificultad para avanzar en la solución de los problemas de una obra tan desaseada se conoce como “correr en pantano”, porque los problemas se comportan como un borracho que cuando lo levantan de un lado se cae del otro.

 Nada de lo que está apareciendo es sorpresivo ya que es la consecuencia lógica y normal de hacer las cosas como las hicieron. Y el extravío de la dimensión de las cosas persiste, aparentemente el “ingeniero” Joel Ortega en su inconmensurable ingenuidad y candor pretendía con su declaración hacer ver la necesidad de treinta mil millones de pesos más para arreglar la L-12, mejorar el funcionamiento del resto del Metro, que se cae en pedazos, meterle dinero a otras cosas, en especial la operación “política”. Cantidad que es menor a los sobrecostos de la obra y a lo que falta gastar en la L-12. La obra se presupuestó en 17 mil millones y termino costando 45 mil millones.

Treinta mil millones que no serían necesarios si no hubieran robado o malbaratado tanto y hubieran hecho bien las cosas. Por lo que esos treinta mil millones en realidad son lo que la incapacidad, ineptitud e incompetencia de los servidores públicos y delincuentes de la construcción le cuesta a la sociedad. Un sobreprecio en pesos y centavos para la sociedad mexicana.

Arriba de Joel Ortega, el que tiene la baraja en la mano es Miguel Ángel Mancera, que: puede dejar la tontería de pretender tapar el sol con un dedo y asumir que la dimensión y consecuencias del problema son inocultables y que cada intento de minimizarlo y ocultarlo lo hunde más en las responsabilidades. O puede seguir dando palos de ciego y esperar un milagro que exorcice el hoyo negro que la L-12 será en su administración, que encuentre un tesoro tirado que le permita aventar dinero a todas partes para acallar quejas de la ciudadanía, comprar voluntades políticas y mafiosas, remendar problemas de la ciudad y preservar la impunidad.

Lo que haga depende de sus facultades mentales y del tamaño de sus compromisos oscuros. Si es desechable y no puede evadir sus compromisos inconfesables, estos serán la lápida de sus aspiraciones políticas. En todo caso el juicio de la sociedad, del mundo y la historia espera la determinación de las siguientes jugadas.

Es interesante el nivel de degradación, estupidez y despilfarro de recursos que es posible alcanzar. La “estela de pus”, el senado, y la L-12, son apenas algunos botones de muestra de la galopante corrupción, impunidad, cinismo y desaseado saqueo de recursos públicos y esperanzas de la sociedad, que se comete en nombre de una noble y eficaz profesión, como la Ingeniería Civil. A la que han desprestigiado su imagen para el común de la gente y desaparecido su práctica, cuando es fundamental e imprescindible para sacar al país del subdesarrollo.

Desgraciadamente todavía falta para la resurrección de la auténtica ingeniería civil. En el horizonte lo que aparece es otra barbaridad que se va a cometer en nombre de la ingeniería civil y en perjuicio del país, la futura L-12 de Peña Nieto, el Nuevo Aeropuerto. Al tiempo.

Ligas de doce artículos publicados en “Grilla en el Poder” sobre la Línea 12 del Metro, que desde hace más de un año descifran y predicen lo que está pasando y va a pasar.

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/8667-evolucion-angel-pujalte-pineiro

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/7431-colusion-angel-pujalte-pineiro

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/politica/1490-a-flote-las-porquerias-de-obra-publica-que-permiten-funcionarios-corruptos-que-solo-buscan-tajadas

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/1787-se-desmoronan-teatritos-que-desnudan-delirante-perversion-politica-administrativa-y-profesional

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/politica/1855-a-flote-la-perversidad-que-se-anida-entre-negociantes-enquistados-en-la-administracion-publica

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/1928-alguien-oculta-informacion-que-puede-clasificar-como-criminal-la-construccion-de-la-linea-12-del-metro

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/2271-la-infracultura-angel-pujalte-pineiro

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/2568-republica-bananera-angel-pujalte-pineiro

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/2834-barbarismo-angel-pujalte-pineiro

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/i-n-i-c-i-o/ciudad-de-mexico/3332-se-confirma-el-solido-informe-que-difundimos-sobre-la-corrupcion-en-la-linea-12

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/3545-obras-angel-pujalte-pineiro

http://www.grillaenelpoder.com.mx/news/index.php/columnas/columnistas/4307-colmo-del-absurdo-angel-pujalte-pineiro

https://angelpujaltepineiro.wordpress.com/ , Autor de: La infracultura en la construcción, La anomia, Disección de la Ley de Obras Publicas y Servicios Relacionados con las Mismas, ¿A dónde Vamos, México? ¡Fe de Erratas del Desarrollo Nacional! y en proceso de publicación: El descalabro de la razón, La hermana perversa de la Ingeniería Civil y Recensión metafísica.